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VIVIENDO DEL CONFLICTO

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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

¿Cuántas guerras se han creado para buscar la paz? ¿Cuántos conflictos se han provocado en nombre de la libertad? ¿Cuántos sueños se han destruido para alcanzar la igualdad? Casi siempre, hemos visto mil y un razones, con las que se ha justificado la destrucción de la humanidad, teniendo como trofeo el triunfo de un grupo contra otro; nadie quiere ceder, pocos suelen consensuar, lo que realmente interesa en cualquier campo, es ganar o ganar; penosamente, se ve como natural el vencer, sin importar que al final de cuentas, se pierde la paz colectiva, se convierte en esclava a la libertad social, se acaba con la esencia misma de la igualdad.

Nos hemos encargado con el pasar del tiempo, de obtener la mayoría de lo que queremos mediante el conflicto permanente, donde prima el capricho egocéntrico, la vanidad absorbente y el deseo insaciable, frente a una necesaria convivencia social, que pide a gritos: solidaridad, respeto y humanismo. Esta bronca, que beneficia a pocos, tendrá que tarde o temprano acabarse, no puede seguir creciendo, no puede seguir desbastando la posibilidad de alcanzar una convivencia pacífica, en la que, sin ser el paraíso, podamos ayudarnos y aportar todos, desde el lugar en que nos encontremos.

El irrespeto debería ser derrotado por el respeto, la avaricia por la solidaridad, las oportunidades positivas nunca deberíamos dejarlas pasar; cabe recordar: los buenos momentos jamás vuelven, hay que aprovecharlos. Por eso, si anteponemos en cada acto: el respeto, la solidaridad, la certeza y la frontalidad, podremos cambiar el mundo, no con palabras, con actos, con obras, que se perennizan, porque las palabras se vuelven frágiles y con el viento se van, para no volver.

Nos hemos pasado la vida, viviendo del conflicto, crecimos en un mundo en el que la tónica ha sido: la competencia, la manipulación, la trampa, la viveza criolla; sólo importa subir el escalón aún si el otro se queda atrás o por debajo de nosotros. No nos hemos parado a pensar, que tipo de sociedad les espera a nuestros hijos, que tipo de hijos estamos heredando al mundo, y que mundo les entregaremos a las futuras generaciones. Cambiemos el conflicto por la oportunidad de entendernos, aún estamos a tiempo de hacer las cosas bien; dejemos atrás las decisiones viscerales, el mundo cambia sólo con nuestro buen proceder.

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