Internacional

Vigilancia de las Américas

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(Editorial Los Angeles Times ).- Para sorpresa de nadie, el presidente ecuatoriano Rafael Correa está molesto con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, un grupo de vigilancia que ha empujado a proteger a los líderes indígenas, periodistas y organizaciones de la sociedad civil en el Hemisferio Occidental de los abusos. Y el sentimiento parece ser mutuo. La comisión ha denunciado con razón, los esfuerzos de Correa para limitar la libertad de expresión y la crítica de cárcel de su administración. También se atrevió a opinar sobre el intento de Venezuela de prohibir a un candidato de la oposición de postularse para un cargo contra el presidente Hugo Chávez.

Ahora Correa, junto con Chávez y el presidente boliviano Evo Morales, está pidiendo a la Organización de Estados Americanos para restringir el trabajo de la comisión, que él caracteriza como una herramienta utilizada por los Estados Unidos para influir en los gobiernos soberanos. Eso es una tontería.

Establecida en 1959, la comisión autónoma es uno de los más importantes órganos de la OEA. Human Rights Watch con créditos que ayudan a salvar miles de vidas en Colombia, Haití y otros países mediante la presentación de órdenes de protección con los gobiernos, solicitando que las autoridades garanticen la seguridad de las personas que enfrentan el abuso o las amenazas de muerte.

Desafortunadamente, la OEA Secretario General José Miguel Insulza, cedió a la presión y estuvo de acuerdo la semana pasada para pedir una reunión dentro de seis meses para considerar dos proyectos de propuestas encaminadas a limitar el alcance de la comisión, por poner freno a su autoridad y la restricción de su presupuesto. A la larga, le quitaría a la Comisión de tener la última palabra para decidir la forma en que monitorea los países. 35 de la OEA los países miembros deben rechazar los planes de ambos.

Competencias de la Comisión se han mantenido sin cambios durante más de 50 años por una buena razón. Su independencia es su fuerza. Que los Estados miembros, incluidos los que han sido objeto de informes críticos, para reescribir las reglas o establecer nuevos límites a las facultades de la Comisión es una invitación a los opositores para saldar cuentas. Basta con contemplar las llamadas reformas bajo consideración. Un plan que permitiría a la Comisión a hablar sólo en los casos de vida o muerte, y el Colegio de Abogados de intervenir en nombre de los periodistas encarcelados o juristas que sufren abusos. El otro plan, respaldado por Correa, sería limitar la financiación a la Relatoría Especial para la libertad de expresión.

Es evidente que algunos gobiernos de la región están molestos y la esperanza de socavar la comisión. Esto no debe llevar el día. La independencia es esencial para el éxito continuo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y las naciones del hemisferio deberían unirse para protegerla.

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