Internacional

Vettel aparta a ‘Schumi’

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Austín.- EE-UU.- (Por Jaime Rodríguez.- EL MUNDO.es).- Hay que afilar mucho la vista al mirar por el retrovisor para encontrar un domingo sin victoria de Sebastian Vettel. Fue una bonita fecha, el 28 de julio, en Hungría. Aquel día quedó tercero. Se tuvo que enfadar el alemán, porque desde entonces no para. Ocho carreras y ocho triunfos, récord absoluto de la historia. Nadie engarzó semejante racha antes.

Devorador de récords, ayer en Austin limpió otro a su idolatrado Michael Schumacher, al que poco a poco va desnudando. Le falta aún el peculiar carisma del campeonísimo, pero uno a uno está superando sus marcas. En seis días puede igualar otra del viejo Káiser, la de 13 victorias en una misma temporada. [Narración y clasificaciones]

No se sacia Vettel sobre ese Red Bull que parece más fuerte cada día. Juega con la pista, estira las distancias y se le ve disfrutar sobre una máquina perfectamente acoplada al asfalto, un ingenio del automovilismo moderno.

El latigazo de la escudería energética ha sido brutal desde el pasado mes de mayo, cuando cosecharon una dura derrota en Montmeló. Aquel día Fernando Alonso ganó con 38 segundos de ventaja sobre el coche azul marino.

Ese triunfo fue el canto del cisne ferrarista y un punto de inflexión en la temporada. Adrian Newey afiló el pincel para rediseñar una máquina imparable y Pirelli cambió las ruedas. «Se quejaban y quejaban de los neumáticos hasta que los cambiaron y ganaron ocho carreras seguidas», recordaba con intención ayer el piloto español.

Con gomas nuevas, ruina de Ferrari y hegemonía absoluta de red Bull. Sólo gana Vettel, en rutina de gloria para los suyos y dolorosísima para los demás, entre aburridos y hartos ya, deseando todos los extasiados perseguidores que finalice de una vez por todas este calvario.

Que llegue el 2014, se clama, sin garantías de que las cosas vayan a cambiar en la esperada próxima estación, con tantos cambios reglamentarios y un mismo favorito: la banda de Vettel.

«Tenéis que recordar estos días chicos, no durarán para siempre», dijo ayer por radio a su escudería al cruzar la meta. Sus rivales rezan para que así sea, para que su dictadura acabe.

Ayer el alemán dominó la pista texana, otro territorio con su bandera clavada. Hace un año el domingo fue para Lewis Hamilton, artista invitado al duelo al límite que mantenían Vettel y Alonso, coronado una semana después en Interlagos.

Esta vez, la música de Austin la puso Vettel, de principio a fin, sábado y domingo, sin adversario en el retrovisor. La festiva afición norteamericana, entre cervezas de litro y bandejas de barbacoa, presenció el nuevo recital del tetracampeón.

Cumpliendo con su habitual hoja de ruta, aceleró desde el semáforo sin más rival que su propia sombra, a la que incluso lleva con la lengua fuera. Sólo vio escuchó el motor de sus rivales en tres vueltas que el coche de seguridad comandó al grupo mientras se limpiaban los restos del Force India de Adrian Sutil, estrellado en los primeros metros. Zigzagueó un poquito Vettel al retirarse el Mercedes de emergencias y se lanzó desbocado sin mirar hacia atrás.

En retaguardia quedaron las peleas del resto, con Mark Webber tercero y el ascendente Romain Grosjean, segundo, como compañeros de podio. La quinta plaza le costó sudores a Alonso, como siempre, bregando con su alicaído Ferrari y con los dolores de espalda que arrastra desde la India.

Tardó 23 vueltas en recuperar el sexto puesto perdido con Sergio Pérez en la salida y después adelantó con fiereza a Hulkenberg en la cima de la primera curva. Se garantizó en Austin el subcampeonato del mundo, el cuarto de su vida, tan cerca y tan lejos de una gloria rebelde con él.

«Ser segundo ahora es ser el primero de los mortales con los Red Bull de por medio», reflexionaba insatisfecho. Su naturaleza ganadora tiene alergia a la derrota, por mucho que insista Vettel.

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