Internacional

‘Vemos cada día su alegría y su dolor, y lo hacemos nuestro’

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Madrid.- (Noelia Suárez. Diario EL MUNDO).- El verano entra en su cenit y muchos tienen que volver al trabajo. Sin embargo, hay algunos que no se han ido este año, aunque tampoco han recibido un salario por renunciar a unas vacaciones tomando el sol. Así funciona el voluntariado, no descansa ni en los meses de más calor. ELMUNDO.es recorre varias ONG para enseñar qué han estado haciendo estos ‘trabajadores invisibles’.

‘Sigues los casos día a día, la temporada da igual’

La primera parada es el Hospital 12 de Octubre, en la zona sur de Madrid. Allí, Pilar Arcos y Dolores -Loli- Boluda,de 59 y 53 años, respectivamente, participan como voluntarias de Cáritas, realizando labores de acompañamiento a pacientes que se encuentran solos o ante situaciones difíciles. “Lo hacemos para que sepan que hay alguien ahí, que les vamos a entregar todo sin conocerles. Vemos cada día su alegría y su dolor, y lo hacemos nuestro”, explica Pilar emocionada. “Pero no sólo ayudamos al paciente, también a las familias. Uno u otro no se abren entre sí, a veces con un desconocido es más fácil y ahí entramos nosotros”, añade Loli.

Pilar ha renunciado a sus vacaciones para poder quedarse en el hospital, haciendo de ‘mamá canguro’. “Estaba siguiendo el caso de un niño recién nacido. Su madre no está con él y he ‘peleado’ con mi marido para poder estar aquí estos meses. En casa lo acaban comprendiendo. Es una labor muy callada, se basa en el amor a los seres humanos. Sigues los casos día a día y te acaba dando igual la temporada”, dice sonriendo.

Cada día Antonia Gonzáles, su coordinadora, les da la lista de pacientes a las que visitar, para que observen sus necesidades. “En Cáritas también nos encargamos de darles ropa o juguetes si lo necesitan. Vienen muchos indigentes, con ropas que no puedes devolverles y les damos otras. Recuerdo a una mujer que acababa de dar a luz. Llevaba al bebé con las ropas del hospital. Me pareció raro que una madre no tuviera ropita para el alta del niño. Me acerqué a hablar con ella, y aunque nunca te lo piden, tú lo notas y buscas la forma de dárselo”, narra Loli.

Sin embargo, es importante compartimentar. Loli dice que “no hay que llevarse a casa todos los problemas, si no te colapsarías y no podrías seguir. Algunos pacientes fallecen y, aunque creas vínculos, tienes que volver con una sonrisa para ayudar a otros”. Pilar comparte el momento que le marcó para continuar: “Conocí a una chica joven que acababa de terminar su carrera y le detectaron un tumor cerebral. Pasé la última tarde con ella. Ese día ni hablaba, pero ya nos comunicábamos sólo con las miradas. Yo sabía que le gustaba la naturaleza y recordé que tenía fotos en el móvil de Galicia. Se las enseñé y si hubieras visto su mirada… Había lágrimas y un brillo especial. Sé que me abrazó con los ojos”.

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