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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

Analizando los problemas cotidianos, podemos percatarnos que estamos perdiendo el tiempo, a ratos más inventando farsas que viviendo, ocultando los verdaderos miedos, sin enfrentarlos; las angustias nos ganan y dejamos que nos invada el estrés, la depresión y la tensión política. Siempre estamos a la espera de un salvador, no nos concentramos en entender, que el lograr mejores días, no depende de un Mesías, sino de lo que hagamos bien cada uno de nosotros desde el lugar en que nos encontremos, sin esperar que el amigo, el vecino o el compañero lo haga primero.

El cambio del mundo, de mi país, de mi ciudad, de mi familia, no se logra por arte de magia, ni está escrito en un catálogo para aplicar el manejo perfecto; es más drástico y funesto, todavía pensar que las cosas se darán de cualquier modo, haga lo que haga. Esa máscara social debe ser derribada bajo algunas premisas: con que no me una a los sacrílegos del poder y tome el rumbo contrario, ya es un buen aporte; con que reconozca a los luchadores sesgados y no los secunde, es un gran avance; pero, por sobre todas las cosas, siempre es bueno tomar distancia de la gente tóxica.

No podemos seguir viviendo segmentados en contrastes manipulados, entre: la vieja práctica verbal de odiar a los millonarios, frente a la repugnante práctica de utilizar con dádivas a los más pobres. Posturas que agravan las brechas de clase escudadas en máscaras sociales que amplían los resentimientos entre las personas de una misma sociedad, pero benefician a los selectos oportunistas que se pegan a los que gobiernan y se enriquecen con la bronca que provocan entre la gente, casi siempre.

Realmente, la lucha que debemos enfrentar los honestos, es contra los corruptos, pues honestos hay entre los pobres y los ricos, así como hay corruptos entre los grupos pudientes y pobres; y, entre estos, una clase media afectada y silenciada como por arte de magia, así como un sinnúmero de oportunistas y arribistas que nunca faltan. Oportunistas, que siempre se aprovechan de las intrigas electorales o de los trucos monetarios con los que compran y venden conciencias, engalanando sus bajos instintos. Debemos sacarnos esa máscara social: enfrentando con firmeza los verdaderos problemas; desenmascarando a los oportunistas; y, sepultando a los politiqueros utilitarios de siempre.