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Tras la revolución, Egipto vota en históricas elecciones (video)

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BBC Mundo

Por primera vez en su historia, Egipto vota libremente para elegir a un nuevo presidente. Los electores están llamados a una primera vuelta este miércoles 23 y jueves 24 de mayo. El ganador debe hacerse con más de la mitad de los votos para reemplazar a Hosni Mubarak, quien gobernó el país por 30 años y fue depuesto en febrero de 2011 tras un movimiento popular.

De lo contrario habrá una segunda vuelta, pautada para el 16 y 17 de junio.

Un total de 13 candidatos, de diferentes ideologías, se disputan el cargo. Cuatro hombres, entre islamistas y exministros del gobierno de Mubarak, aparecen como favoritos.

Video por BBCMundo
http://youtu.be/CEvHEe9KoXY

El nuevo presidente recibirá una pesada herencia de corrupción, pobreza, altos niveles de desempleo y problemas de seguridad.

BBC Mundo explora algunos de los aspectos relativos a esta histórica contienda.

Presidente sin Constitución:

En un caso poco usual, el nuevo presidente será elegido sin una Constitución que defina sus poderes.

Los intentos por redactar una nueva Constitución tras el fin de la era Mubarak han fallado, debido a las diferencias insalvables entre los partidos políticos.

Sin embargo, todas las agrupaciones parecen estar de acuerdo en que los poderes presidenciales deben ser limitados, para evitar que emerja otro “hombre fuerte” al estilo Mubarak.

Las elecciones se llevarán a cabo bajo las reglas introducidas varios meses después después de la revolución, que suavizan los criterios de elegibilidad que fueron aprobados por Mubarak, y aparentemente lo favorecían a él y a su hijo Jamal como posible sucesor.

Video por euronewses

El período presidencial fue reducido a cuatro años y se estableció un máximo de una reelección.

Los candidatos pueden gastar hasta un máximo de 10 millones de libras egipcias (aproximadamente US$1,6 millones) en la campaña en primera vuelta, y hasta el doble en la segunda. Se prohíbe estrictamente el financiamiento por parte de fuentes extranjeras.

Los contendores:

Un total de 23 aspirantes se registraron para participar en la contienda, pero la Alta Comisión Electoral Presidencial rechazó a diez de ellos el pasado 14 de abril.

Entre los excluidos se cuentan el exvicepresidente y jefe de los servicios de espionaje, Umar Sulayman, el adinerado hombre de negocios y candidato de la Hermandad Musulmana Khairat al-Shater y el predicador salafista Hazem Abu Ismail.

Diferentes encuestas arrojan resultados contradictorios sobre quién podría ganar la elección, y es probable que el resultado sea fragmentado.

Tanto los que son conocidos como islamistas como los no islamistas están divididos entre las diversas opciones que hay en cada bando.

En el caso de los islamistas, tras la descalificación de Shatie, el bien organizado partido de la Hermandad Musulmana le dio el apoyo a Mohamed Mursi, pero los salafistas -que lograron un número importante de curules en el Parlamento- decidieron apoyar a Abdul Moneim Aboul Fotou.

En el campo de los no islamistas, los votos probablemente se dividirán entre dos candidatos que formaron parte del gobierno anterior: Amr Moussa y Ajmed Shafiq.

La campaña:

Se espera que la participación sea alta, pues los egipcios parecen haberse sacudido años de la apatía política evidente durante la época en que gobernaba Mubarak. Millones acudieron a votar en un referendo y en los comicios legislativos recientes, convencidos de que ahora los votos sí cuentan.

La campaña se vio afectada por los desórdenes que siguieron a la destitución de Mubarak, y con frecuencia se vio marcada por actos de violencia.

Recientemente, más de diez personas murieron en un ataque contra manifestantes que protestaban frente al Ministerio de Defensa. Varios candidatos suspendieron temporalmente sus campañas en protesta.

Los retos para el ganador

Quien gane la elección tendrá que manejar retos internos y externos de grandes proporciones.

Internamente, el nuevo gobernante enfrentará difíciles problemas políticos, sociales, económicos y de seguridad.

Desde la caída de Mubarak, Egipto ha estado sumido en una situación política polarizada, con los islamistas enfrascados en una guerra con los partidos liberales y laicos.

El nuevo presidente también enfrentará la tarea de reestablecer la seguridad, que se ha deteriorado desde la revolución, principalmente debido al colapso de los servicios policiales.

La situación económica también posa un desafío tremendo. Más del 40% de los egipcios viven por debajo de la línea de la pobreza, la incertidumbre política ha llevado al colapso de la inversión extranjera, el cierre de empresas, el incremento del desempleo y la erosión de las reservas extranjeras.

Externamente, el nuevo líder tendrá que mantener relaciones estratégicas amistosas con los países árabes y los de Occidente.

Las relaciones con Israel son también un tema clave, al igual que el uso de la cuenca del Nilo y las relaciones de Egipto con las naciones africanas.

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