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Separar la basura: la nueva obsesión de Shanghái hacia la China ecológica

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Shanghái (China).- (EFE).- Las autoridades de Shanghái tienen desde hace semanas una clara obsesión: que sus 26 millones de habitantes separen la basura de sus casas, sometidos desde hoy a un estricto reglamento, pionero en China, que busca ser ejemplo para el resto de la nación.

No más basura mezclada ni calles llenas de contenedores rebosantes y apestosos. El reciclaje doméstico comienza a imponerse en una de las naciones más contaminantes del mundo, con estrictas políticas como esta ley que las autoridades llevan semanas promoviendo entre la población.

Cursos de cómo separar la basura en comunidades de vecinos, miles de anuncios y reportajes en prensa y televisión, paredes empapeladas con folletos explicativos, dibujos animados, aplicaciones móviles y hasta videojuegos para entender dónde va cada cosa.

La basura seca reciclable (papel, cristal, envases de metal…) en el contenedor azul; la húmeda (restos de alimentos, principalmente) en el marrón; la seca no reciclable (papel usado, cigarros..) en el marrón y la peligrosa (pilas, bombillas…) en el rojo.

“Dicen que es difícil pero a mí me parece muy sencillo”, cuenta a Efe Jun Zhilan, una jubilada que vive en una comunidad del barrio de Jing’an, donde un grupo de voluntarios lleva semanas explicando a los vecinos cómo separar.

Además, recuerda, “si no, hay una multa, así que tenemos que hacerlo”. Una penalización que arranca en los 50 yuanes (6,4 euros) por una primera infracción y los 200 yuanes (26 euros) por ofensas repetidas.

Las empresas, por su parte, serán multadas con hasta 5.000 yuanes (640 euros) por no tener los contenedores de basura correctos en su lugar y hasta 50.000 yuanes (6.400 euros) por no clasificar los desperdicios adecuadamente.

“Nunca una ciudad en China impuso una clasificación de basura como esta. Es una gran oportunidad para avanzar”, asegura a Efe Eric Liu, miembro de Greenpeace Asia Oriental.

Esta nueva ley también contempla aplicar progresivamente un horario fijo para tirar la basura, así como 18 políticas de apoyo. Entre ellas, que los hoteles dejen de proporcionar algunos artículos desechables -como cepillos de dientes o peines- y que los restaurantes que envían comida no agreguen cubiertos de plástico.

“La ley era súper necesaria y por fin ha sido implementada. Es la ley más estricta de la historia y, con toda seguridad, ayudará a crear en las personas la idea de ser más respetuosos con el medioambiente”, cuenta a Efe Luxi Wang, una joven publicista.

En una ciudad tan grande como esta, añade, “si todos hacen un poco, hay una gran diferencia” y, además, “seguramente otras ciudades seguirán” a Shanghái, considerada la capital financiera del país y una de las urbes más modernas y avanzadas.

Como parte del objetivo del presidente chino, Xi Jinping, de poner el medioambiente como uno de los pilares de su política, el Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano-Rural anunció en 2017 el establecimiento de un grupo de trabajo para redactar leyes sobre el reciclaje de basura doméstica, todavía inexistentes u obsoletas en algunas regiones.

El objetivo es que para 2020 el 35 % de los residuos domésticos urbanos se reciclen, una cifra que todavía estaría muy alejada de la de otras grandes economías.

En la Unión Europea (UE), el 45 % de los conocidos como residuos urbanos se reciclan actualmente y para 2025 los países miembros han acordado reciclar al menos el 55 %.

Con excepciones como Shanghái y otras ciudades como Shenzhen, donde también comienzan a aplicarse progresivamente algunas normativas, en el país más poblado del mundo (cerca de 1.400 millones de personas) todavía son escasos los contenedores de reciclaje que se ven en las calles y casi inexistente el concepto de reciclar entre la población.

Además, en el gigante asiático la basura todavía sigue siendo el sustento de parte de la población que tiene establecida una cadena en torno al reciclaje.

A título individual, las personas guardan la basura en sus casas para vender a recolectores quienes, montados en las tradicionales bicicletas con carritos, recolectan por toda la ciudad hasta que suman lo necesario para venderlo a recolectores mayores (pequeñas empresas) y estos, a su vez, a estaciones de reciclaje.

Un estudio de 2014 de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena (Austria) estimó que el número de trabajadores informales involucrados en la recolección es de entre el 0,56 % y el 0,93 % de la población urbana, es decir, de entre 3,3 y 5,6 millones de personas.

Las autoridades, preguntadas por el futuro de estas personas con leyes como la actual, aseguran que no les va a afectar, pues los habitantes de Shanghái podrán seguir comprando y vendiendo residuos: “Simplemente los ciudadanos tendrán también la opción” -y la obligación- “de separar en los contenedores que hemos instalado”.

Paula Escalada Medrano

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