Farándula

Se queda en silla de ruedas tras contagiarse por usar una brocha de maquillaje prestada

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(WTB).- Jo Gilchrist jamás olvidará el inocente gesto que la ha terminado dejando en una silla de rueddas después de una cadena de infortunio. No condujo bajos los efectos del alcohol ni cometió ninguna imprudencia practcando un deporte extremo. Esta australiana de 27 años contrajo una voraz infección por culpa de usar una brocha de maquillaje que no era suya.

Todo empezó durante la segunda semana de febrero. A Jo le empezó a doler la espalda, pero en un primer momento creyó que solo se trataba de una mala postura al dormir. Quizás debía cambiar de colchón, pensó. Pero la situación empeoró de manera dramática.

“Empecé a tener un dolor espantoso por todo el cuerpo. Ni siquiera me podía mover, era peor que estar de parto”, explica a Warwick Daily News. Tan mal se encontraba que decidió llamar a un médico para que acudiera a su casa, situada en el la ciudad de Warwick, estado de Queensland, uno de los que forman la mancomunidad de Australia.

“Vino un doctor, pero no fue capaz de encontrar lo que me ocurría. Yo seguía metida en la cama, entre espantosas molestias”, recuerda la mujer. “Solo me dijeron que si el dolor llegaba al pecho, quizás debería aprender a respirar de otra manera o tendrían que conectarme a una máquina que me ayudara a hacerlo”.

Asustada por estas palabras, Jo pidió que fuera trasladada a la ciudad de Brisbane el 14 de febrero, para ser hospitalizada. Su estado era tan grave que tuvo que hacer el viaje (unos 160 kilómetros) en un helicóptero ambulancia.

Infección inmune a los antibióticos

En el centro médico por fin pudieron descubrir lo que la pasaba: sufría una infección por Staphylococcus aureus resistente a la meticilina. Un problema denominado SARM, y que es imposible de curar con antibióticos pero sí con otros medicamentos.

El problema es que Jo no había sido tratada a tiempo y la infección había dañado su médula espinal, por lo que los médicos la dijeron que va a tener que pasar el resto de su vida utilizando una silla de ruedas, porque sus piernas no van a recuperar nunca su movilidad.

A pesar de la dureza de la situación, Jo se siente afortunada: “La infección pudo haber ido al cerebro y ahora estaría muerta. O hacia mis extremidades, y me las tendrían que haber amputado”, explica a la edición australiana del Daily Mail.

Sospecha del maquillaje

El SARM es un microbio que se suele contraer en hospitales. Pero también por contacto cutáneo.

Según se puede leer en la Wikipedia, “en Estados Unidos se informa cada vez más de brotes de colonización de SARM mediante contacto en vestidores y gimnasios, incluso entre poblaciones sanas, y el SARM causa al menos el 20% de las infecciones de S. aureus en poblaciones que consumen drogas por vía intravenosa”.

Jo asegura que la única conducta de riesgo que ha tomado en las semanas previas a la infección fue utilizar una brocha de maquillaje que una amiga suya le prestó. Los médicos no han confirmado que ahí esté el origen, pero sí que defienden que ha tenido que ser algo que estuviera en contacto con su piel y anteriormente, con la de otra persona.

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