Compartir

Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

La delincuencia siempre ha sido astuta, a tal punto que, cuándo persiguen a un estruchante, éste se va abriendo paso, y es él mismo quien va gritando: «cojan al ladrón, cojan al ladrón»; cuando lo atrapa la policía, hasta llora, para que lo suelten, arma todo un drama, metiendo hasta a su familia, como la razón del robo; y, cuando está siendo juzgado, busca defensores similares, no para justificar que no cometió el delito, sino para aprovecharse de ciertas reglas absurdas, poner en duda al juez y salir en libertad comprando hasta conciencias. Lo mismo pasa con los delincuentes de cuello verde y de cuello blanco, aquellos que nos han gobernado y otros que nos siguen gobernando, tienen como única teoría delincuencial: negar, negar y negar.

Por eso no es sorpresa que, teniendo dignatarios que los encuentran con las manos en la masa, obran con todo el cinismo del mundo, diciendo que son otros los que están robando, que ellos no sabían nada; por poco sostienen que las fortunas que están amasando, les han dejado en su casa y no saben quién fue el benefactor; y, cuando les inician un proceso, sacan lo guardado debajo del colchón y lo distribuyen desesperados, arañándose en amistades de alto rango, traficando influencias y reclamando que les devuelvan el favor, pero que por sobre todo, los salven, porque temen en extremo, estar tras las rejas, después de haber saboreado las mieles del poder.

Vemos en todos los niveles gubernativos, a ciertos personajes que viven en mansiones, disfrutan de extensas haciendas y andan en carros de alta gama, pero misteriosamente no los tienen a nombre de ellos, y cuando son criticados, salen directa o indirectamente a defenderse, haciéndose los mártires y argumentando que por el odio político que les tienen, los persiguen y denuncian falsamente. Realmente da repugnancia, cuando vemos políticos que han asaltado la cosa pública, o dirigentes que han destruido los sindicatos, clubes o asociaciones que dirigieron, hablar de honestidad, tratando de limpiar su manchado nombre, salpicado por actos de corrupción que aún, quedando en la impunidad, son evidentes y no se podrán jamás ocultar.

Si ahora, “los pájaros disparan a las escopetas”, es porque el mundo está de patas, y no sería nada raro, que los delincuentes quieran volver a gobernarnos, bajo el argumento impune de que nunca robaron nada, porque la justicia no los juzgó, debido a las violaciones del “debido proceso”. No sería nada raro, si tenemos candidatos que ya le robaron al país y siguen en pie; si tenemos dignatarios, que ya no saben dónde guardar lo usurpado y sus testaferros esperan que desaparezca para quedarse con los capitales lavados u ocultados. Al final de todo, si los corruptos después de haber hecho barbaridades, logran aparecer como víctimas, evaden la justicia y pasado el susto se mofan del sistema, es porque hay una sociedad cómplice que les termina haciendo el juego. Quedan listos para seguir atracando.