Farándula

Scarlett, la carne de par en par

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Venecia.- (Por Luis Martínez.- Enviado especial EL MUNDO.es).- Como, Shylock, el usurero de ‘El mercader de Venecia’, la Mostra también reclama de cuando en cuando su libra de carne. La más cercana al corazón, recuerden. Y nadie como Scarlett Johansson para ofrecerla.

Entera y completamente cruda. No es machismo (aunque también), sino Shakespeare. No es vicio (aunque también), sino cine.

Dice Scarlett que es difícil dar con el sentido e identidad de un personaje que en realidad no lo es.

Añade que no hay manera de acertar con las motivaciones del extraño ser que la habita por dentro; una entidad que más que tener, “usa su cuerpo”. Uno en la audiencia suspiró.

De desazón quizá. Y ahí estábamos, descifrando los jeroglíficos de una boca perfecta en su carnalidad, cuando alguien cayó en la cuenta: en ‘Under the skin’, la película de Jonathan Glazer presentada en Venecia, la actriz interpreta a un extraterrestre. Hemos llegado.

En efecto, por fin llegó a la pantalla la tercera película del director de ‘Sexy beast’ y ‘Reencarnación’. Basada en la novela homónima de Michael Faber, la película se detiene en la aventura en la Tierra (Escocia para ser precisos) de una alienígena; una criatura cuya dieta (la de ella y los suyos) consiste, básicamente, en carne humana.

Y Glazer lo vuelve a hacer. De nuevo, como en sus anteriores trabajos, el cineasta británico juega a desmadejar, triturar y volver a reconstruir los géneros en un minucioso, envolvente y magnético ejercicio de pulso cinematográfico.

Video por Brendon Connelly

Cabría añadir preciso y visionario. En su debut en la dirección convertía una comedia en algo mucho más turbio, para años después, en la cinta protagonizada por Nicole Kidman, transformar las claves del fantástico en una manera, semiautista y profundamente emotiva y gélida, de mirar el mundo.

Ahora, lo que sobre el papel anuncia una especie de apocalipsis zombi, sobre la pantalla se convierte en un ritual hipnótico a vueltas, precisamente, con el secreto de la carne (que, no lo duden, lo hay).

Scarlett se sirve de la apariencia humana para atrapar a sus víctimas; para hacerlas caer en la trampa de lo más profundo de sus más secretos (o no tanto) deseos. Deseos por proteínas.

De repente, la pantalla se transforma en la superficie de un lienzo en el que la carne adquiere la consciencia de su blandura, de su veneno.

Glazer, de hecho, se comporta como un pintor cubista: la idea es siempre extraer de cada individualidad el elemento primigenio que lo define.

De lo particular a lo abstracto. El cine de Glazer, para entender, no es figurativo, sino profundamente abstracto y frío; tan frío como el filo de las navajas y de los bisturís. No en balde, dos utensilios pensados para abrir la carne. Hasta la sangre.

El viaje que condena a la extraterrestre es el mismo que condena al hombre (cualquiera de ellos): el descubrimiento de la humanidad escondida en cada una de las debilidades que nos definen. Hasta la herida.

Y así, poco a poco, el “ente” al que da vida Scarlett dejar de “usar” su cuerpo para simplemente serlo. Scarlett o el cuerpo.

Si se quiere, Glazer, como el personaje de Shakespeare, no hace sino exigir a su actriz la libra de carne que le corresponde y arrancar al mito de la actriz de Hollywood su sentido más profundo.

No en balde, y pese a lo exiguo de la filmografía, estamos delante de una de las miradas más luminosas, profundas y precisas de las que dispone el cine reciente. Abreviando mucho, digamos que ‘Under the skin’ se parece mucho a lo mejor que hemos visto este festival. Y no hablamos de Scarlett (aunque también).

Por supuesto, hubo más. El israelita Amos Gitai ofrecía en ‘Ana Arabia’ una bella fábula a vueltas con la reconciliación resuelta en un plano secuencia de 84 minutos.

En una comunidad en la que conviven árabes y judíos, una periodista recopila sus historias. Lo que sigue es una imagen ininterrumpida de la vida (así, en general) que quiere ser a la vez metáfora y fiebre. Brillante.

A su lado, en otro ejercicio de virtuosismo y fuera de la competición, el actor Tom Hardy se exhibía en una película encerrada en el interior de un coche.

Tal cual. Dirigida por Steven Knight, ‘Locke’, ése es el título, rastrea en el rostro de Hardy para trazar un retrato convulso, claustrofóbico y voraz de la redención y el fracaso. Sin duda, un muy inteligente prodigio.

En cualquier caso, el protagonismo fue para Scarlett. Para ella transmutada (al revés que en la Eucaristía) en carne. En carne abierta de par en par. Amén.

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