Compartir

Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

Show más show más show, es lo que nos venden los presidenciables cada semana, y no queremos entender que, en el fondo, el mensaje es claro, nos están diciendo que somos un electorado mediocre, que vivimos del chiste, que valoramos más lo superficial; tal parece que, la decadencia de la seriedad fue afianzada por las payasadas, el circo y la vulgaridad. Así, con preocupación e impotencia, podemos ver que: Montufar, cayendo en el vil populismo, recorre el país en bicicleta sin son ni ton; Yaku, en un plano torpe, se rompe las narices, con desaires de acróbata en moto; y, Lasso, sin abandonar el confort de una silla, o mostrando que no puede mantenerse por sí sólo en pie, repite graciosamente el «que chugcha», incitando a beber cerveza en plena pandemia.

Qué pena por nuestro país, pero más allá de que por flojera, pactos ocultos o conveniencias de grupo, se desarticularon las opciones validas, y fueron repuntando los populismos mediocres, vemos que los candidatos mantienen la carencia de ideas propias para gobernar el Ecuador caotizado que realmente tenemos. Sentimos, que los postulantes son tan básicos, que no son capaces ni de exigir a los onerosos grupos de asesores, marketólogos o politólogos que les den pensando en propuestas firmes, planes interesantes o soluciones reales, para ofrecerle sin demagogia al electorado, la mejor vía democrática con la que van a enfrentar la crisis que atravesamos, en caso de llegar.

Que diferente fuese que este tiempo de precampaña, discutiéramos en los medios de comunicación, foros universitarios, debates gremiales, conversatorios en los cuerpos colegiados y cámaras de la producción, no sólo los álgidos problemas que atraviesa el país, sino: cómo vamos a enfrentar un Estado obeso desde las diversas tendencias políticas; si el socialismo radical es un repelente para la inversión, que obstruye el desarrollo de nuestros pueblos; si la derecha troglodita puede impulsar un desarrollo sin necesidad de abusar de la clase obrera; o, si podemos construir un equilibrio entre la izquierda racional y la derecha coherente, para definir cómo enfrentaremos: la deuda externa, el desastre ambiental provocado por la explotación minera o la metástasis de la corrupción que nos destroza todos los días.

Al final de cuentas, lo trascendental sería que lleguemos a la campaña, con temas claros, con una agenda mínima a debatir, sin chistes, con sobriedad; donde contrastemos ideas diversas, pero arribemos a puntos medios sin discriminaciones. Una campaña que permita a los ciudadanos, descifrar moralmente: entre lo bueno y lo malo, entre la verdad y la falacia, entre lo real y la ficción; donde no sea tan difícil escoger un candidato a la presidencia con valores, frente a un mal intencionado postulante lleno de astucia y ambiciones; donde logremos escoger a un estadista, desechando al simple seductor, un estadista que ocupe su tiempo en sacar adelante el país y no se haga el simpático payaso engañando a la gente.