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¡NO HAY ROBO PERFECTO!

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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

Mientras las ambiciones existan y sea fácil para las mafias comprar conciencias y subastar silencios, nada habrá cambiado. Seguirán los mismos ladrones robando a sus anchas. Parecía una expresión demasiado fuerte; a ratos, puede ser vista como un resentimiento exagerado. Pero, en el fondo, al ver la realidad, que dolorosa resulta esta verdad. Generalizando, cuando nos enteramos de actos de corrupción en los diferentes niveles de gobierno, nos preguntamos: ¿Ud. cree que el alcalde, el prefecto o el presidente no sabían? La respuesta a priori fluye: Sí sabía, y al dejar pasar por alto, debe ser sancionado como autor intelectual o alcahuete; seguramente, es el que más lleva. Y, si no sabía, debe ser sancionado por negligente, porque su gente, la de confianza, la que él nombró, roba en sus narices y no hace nada para evitarlo.

Son astutos, manejan tácticas disuasivas, pero se olvidan que el robo estratégico, no deja de ser robo; por eso, aquellos picaros que se van especializando en robar a través de terceros, sean: dignatarios, directores, coordinadores o asesores, terminan siendo ladrones sarcásticos, que se auto engañan creyendo haber convencido al pueblo, que ellos no sabían que su gente de confianza estaba robando, incluso a su nombre, porque no hay robo perfecto. ¿Por qué no los botan y denuncian? Sencillo, porque se desgrana la mazorca y los amenazan con delatar y hacer públicas todas las fechorías. ¿Por qué los mantienen en sus cargos? porque saben hacer su “trabajo”, tienen cara de palo y uñas afiladas, sobre todo porque son expertos en desbalijar los recursos públicos y esconder la mano.

Pero lo más preocupante y lamentable de todo, en este sistema corrupto, es que formamos parte de una sociedad escalofriantemente cómplice, que se esconde en los memes, se camufla en el chisme y se deleita con el rumor. Y, no dicen ni hacen nada, cuando escuchan que sus autoridades, a voz en cuello, dicen con desenfrenada soltura: “que ellos no sabían lo que estaba pasando”, “que no hay sobreprecio, porque las otras entidades también compraron carísimo” o “que para sancionarlos, esperarán lo que decida la contraloría o la justicia”. En otras palabras, déjenlos nomás que sigan robando.

Cual capítulos de novela, diremos que: Había un pueblo que crecía sin rumbo colectivo, gobernado por la mediocridad del desdén, en el que primaba el desfalco, la viveza criolla y el adulo de un grupo privilegiado de partidarios para seguir manteniéndose en los puestos junto al poder. Claro, que también había gente honesta, no robaban, pero terminaban siendo cómplices silenciosos, por mantener sus cargos y evitar problemas. Un pueblo con tanta mala suerte, que la autoridad que había sido nombrada para administrar, ya no tenía metas, sólo esperaba que el tiempo termine su período; sólo aspiraba que su gente amalgame riqueza sucia, porque a él ya no le quedaba tiempo ni para “disfrutarla”. Si son meras coincidencias siga tranquilo y no haga nada; si quiere que esto cambie: no los tape con su silencio, denúncielos; no los encubra con su miedo, desenmascárelos. Deje de solaparlos, sólo así podremos combatir los altos niveles de corrupción.

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