Farándula

Los mejores sistemas de salud del mundo

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(Por Boris Leonardo Caro ).- Mientras el debate en torno a la reforma de salud impulsada por Barack Obama se eterniza en Estados Unidos, otros países desarrollados exhiben índices de salud remarcables. El éxito de estos sistemas sanitarios, aunque logrado mediante modelos diferentes, coincide en un factor esencial: trascender la porfía ideológica y tratar de encontrar las vías más eficientes de financiamiento.

Según la lista elaborada por Bloomberg, Estados Unidos clasifica como el antepenúltimo entre 48 países, solo por delante de Serbia y Brasil. El ranking combina datos del porciento de gastos en salud con respecto al producto interno bruto (PIB), la esperanza de vida y el costo per cápita de los cuidados.

El ranking lo encabezan la región china de Hong Kong y dos países asiáticos, Singapur y Japón. En el top 10 aparecen cuatro naciones europeas, además de Israel, Australia y Corea del Sur. En América Latina sobresalen Chile, México y Ecuador, situados dentro de la primera veintena de naciones.

Si bien la lista de Bloomberg ofrece una idea de qué puede funcionar en la gestión de la salud, también obvia detalles relevantes. Las futura insostenibilidad del sistema japonés y la escandalosa desigualdad de la cobertura sanitaria chilena ejemplifican estos matices.

El sol naciente y sus manchas

Japón, Singapur y Hong Kong ofrecen a sus ciudadanos sistemas de salud universal, financiados básicamente mediante contribuciones de las empresas y sus empleados. En los tres países el sector privado se mantiene como respaldo a los servicios públicos o, como en el caso de la red de hospitales nipones, bajo estrictas regulaciones gubernamentales.

Los indicadores de salud de Hong Kong sorprenden a quienes desconocen el presente de esa excolonia británica, integrada a China en 1997 bajo el estatus de zona administrativa especial. Su población de alrededor de siete millones de habitantes disfruta de una esperanza de vida de 83,4 años, la más alta del planeta.

En una cumbre regional sobre salud pública celebrada en abril pasado, el secretario de Alimentación y Salud, Ko Wing-man, describió el amplio consenso entre los ciudadanos hongkoneses sobre la estructura dual del sistema sanitario. El sector público recibe fondos de los impuestos a los contribuyentes y absorbe el 90 por ciento de los tratamientos hospitalarios, mientras el privado se sostiene como una alternativa para las familias de elevados ingresos.

En Japón el financiamiento también proviene directamente de los impuestos a las empresas, sus empleados y los trabajadores autónomos. La cobertura incluye el tratamiento médico, la atención estomatológica y los medicamentos. Nadie queda fuera por su situación económica personal, pues el gobierno subsidia la asistencia a los desempleados, los pobres y los ancianos.

Sin embargo, más que la eficiencia del sistema japonés, la verdadera lección para países como Estados Unidos emerge de la filosofía detrás de la inversión en la sanidad. De acuerdo con un artículo publicado por la revista nipona The Diplomat, el gobierno de Tokio entiende la salud de la población como un componente de la seguridad nacional.

“Hay un consenso entre los funcionarios de gobierno y muchos ciudadanos sobre el hecho de que la salud de las personas contribuye a una sociedad sana, lo cual es un elemento fundamental en el mantenimiento de una nación segura y próspera”, afirma el texto.

Tanto el sistema japonés como el de Hong Kong enfrentan desafíos a su sostenibilidad a mediano y largo plazo. El envejecimiento acelerado de la población amenaza con multiplicar la demanda de cuidados prolongados a un grupo poblacional que ha superado la edad de trabajar y, por tanto, de realizar mayores contribuciones a los servicios.

Por otra parte, ambos países tratan de manejar una relativa crisis de saturación de los centros hospitalarios debido al fácil acceso para todo tipo de pacientes. Quienes necesitan tratamientos de urgencia o para enfermedades graves, deben compartir el espacio con las personas que exigen cuidados rutinarios, según explicó a The Washington Post el profesor Naohiro Yashiro, experto de la International Christian University de Tokio.

América Latina, entre la desigualdad y el igualitarismo

Chile ocupa el lugar 13 en la lista de Bloomberg, gracias a su esperanza de vida de 79 años, el costo per cápita relativamente bajo de la atención y la reducida inversión con respecto al PIB, solo siete por ciento. Tras una visita al país suramericano en julio, el jefe de la División de Salud de la la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Mark Pearson, elogió esas cifras, pero señaló los problemas de inequidad en el acceso a los servicios.

Los críticos del sistema chileno lo acusan de ser el más segregado del mundo. Por una parte, una minoría de la población puede pagar el acceso al sector privado, representado por las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRE), que paradójicamente ha disfrutado de un creciente financiamiento estatal en la últimas tres décadas. Las aseguradoras privadas eligen a sus pacientes de acuerdo con sus ingresos y un riguroso diagnóstico de salud, que trata de reducir los riesgos asociados a enfermedades preexistentes y padecimientos crónicos.

Del otro lado, la abrumadora mayoría de los chilenos debe conformarse con el Fondo Nacional de Salud (FONASA), afectado por la escasez de personal, limitaciones en el stock de medicamentos y largas listas de espera para tratamientos especializados.

En el extremo opuesto de Chile se situaría Cuba –lugar 28 en la lista de Bloomberg—, con un sistema de salud gratuito y universal, sustentado en su totalidad por el presupuesto estatal. En la isla no existe un sector privado formal, aunque en la práctica algunos servicios como la estomatología y las cirugías estéticas se han convertido en un negocio paralelo, que utiliza las instalaciones públicas como clínicas privadas.

Sin embargo, la otrora ejemplar cobertura médica cubana ha decaído notablemente en las últimas dos décadas por un agudo déficit de inversiones, la gestión deficiente de los centros hospitalarios y la exportación de personal a países de África y América Latina. El régimen de La Habana ha encontrado una jugosa fuente de ingresos en la venta de servicios profesionales, una oferta esencialmente conformada por médicos, enfermeras y técnicos.

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