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LOS DISFRACES

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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

El egoísmo, la envidia y el miedo a sentirnos menos que los demás, muchas veces nos lleva a fingir, simular o aparentar ser lo que no somos, ocupando disfraces que presuntamente nos permiten ocultar nuestro verdadero rostro, la forma de pensar o sentir. Por encontrar diferencias entre lo que hacemos y lo que queremos que suceda, buscamos esconder nuestra propia identidad, creyendo estar atrapados en una convivencia forzada, sin valorar la esencia única de la que estamos formados cada Ser Humano, atributo propio con el que cada uno aportamos y complementamos la sociedad en la que nos desenvolvemos.

No nos percatamos que las caretas y disfraces que ocupamos, tan sólo terminan minando nuestro valioso tiempo, tiempo sagrado que se diluye con falsedades, que no hacen otra cosa que aparentar simulacros que nos llevan a un mal final. Si rompemos la originalidad de nuestras vidas afianzados en disfraces, más temprano que tarde, dejamos que nos construyan escenarios inusitados, que terminan pasándonos facturas dolorosas al final del camino; porque queramos o no, la verdad siempre sale a la luz, pues, por más fantasía que inventemos, nada queda oculto bajo el sol.

No debemos olvidar, nunca han existido disfraces eternos, y en cualquier parte del camino retornamos a vivir lo que en realidad somos, no hay manera de ocultar para siempre: de que estamos investidos, de donde venimos y cuales son nuestros objetivos. Por eso, la mejor manera de construir una sociedad más justa es siendo auténticos, obrando sin disfraces ni velos. No hay nada mejor que: sentir orgullo sano y ser aceptados o criticados por los demás al ser genuinos; por dar de lo que tenemos sin forjamientos ni falacias; y, por ser la parte positiva del mundo de otros, siendo originales.

Los asares de la vida, seguramente nos llenan de pánico, pretendiendo disfrazarnos en ser lo que no somos, error garrafal que no destruye sólo nuestra esencia, sino que va creando una ficción que desencadena en alucinaciones colectivas negativas. No hay porque temer, si cometemos errores, debemos enmendarlos, no ocultarlos con máscaras; lo hermoso de la vida no es la perfección, es aprender todos los días, cambiando el destino de frente, sin necesidad de disfrazarnos.

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