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LA LUCHA DE CLASES: ¿UNA MANIPULACIÓN?

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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

Más allá de las teorías y doctrinas que sustentan la existencia de una lucha de clases, y concibiendo que ésta, busca obtener como resultado un cambio sustancial, que alcance el equilibrio social y el progreso de todos, rompiendo esa tensión entre pobres y ricos, libres y esclavos, burgueses y proletarios, gobernantes y gobernados, no podemos olvidar jamás, que vivimos en sociedad. Es complejo interpretar en el fondo este conflicto, más aún, si solo puede resolverse cuando alcancemos una sociedad igualitaria; confusión que se amplía, si vemos que son los mismos individuos de una clase que defienden a otra, en desmedro de los suyos.

Es ahí, cuando indistintamente de las llamadas clases sociales, entran los manipuladores y oportunistas, aprovechándose de la ingenuidad de las masas. O si no, como interpretamos que: hay gente que ha manipulado a la clase humilde para que nunca crezca; ha servido a la clase alta ampliando sus fortunas; y, ha intentado de todas las formas posibles, destruir a la clase media. Será que la astucia les permite su verdadero objetivo: dividirnos; alcanzar la desunión social para manipularnos, creando un conflicto para beneficiarse. Lo ideal, sería que: la clase alta, siga produciendo e invirtiendo legalmente; la clase humilde, sea objetivamente valorada; y, la clase media, no sea ahorcada con impuestos.

Es oportuno, entendiendo los tipos de vida, sus labores y sus ingresos, considerar también a aquellos que viven de la renta y de la ganancia por la prestación de servicios o venta de productos, valorando su libertad responsable. Lo ideal, sería que los intereses de los diferentes sectores, aterricen en un equilibrio, que nos permita vernos como un todo; opuestos, que arriben a acuerdos comunes, alcanzando una convivencia armónica, rompiendo la inseguridad creada por las ambiciones de poder.

Realmente, hemos perdido el sentido de pertenencia, que nos ha llevado no solo a incrementar las brechas económicas entre unos y otros, sino a ampliar la desintegración social; estamos pagando un altísimo precio, cuando nos dejamos distraer por luchas intestinas, que, en su máxima expresión, sólo favorecen a unos pocos. Es momento de cambiar el rumbo de nuestro destino, debemos replantearnos el sentido humanista de sociedad, sin dar tregua a quienes nos han manipulado para beneficiarse individualmente.

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