Internacional

La batalla médica de Nagorno Karabaj, desde los sótanos hasta la victoria

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(Dylan COLLINS.- AFP).- En los sótanos de un hospital de Nagorno Karabaj, un grupo de enfermeras retira la chaqueta de un joven soldado, demacrado y con la mirada vacía. Más allá, hay otro tumbado en una cama, con el pie vendado y manchado de sangre.

En un rincón del pasillo se acumulan los pares de botas militares, polvorientas. Al lado, unas enfermeras van amontonando los uniformes militares sucios, algunos con restos de sangre.

El frente no está lejos. Los combates que libran las tropas azerbaiyanas y los combatientes separatistas armenios están causando estragos desde el 27 de septiembre.

“Desde el primer día de guerra vine aquí para ayudar a nuestros ciudadanos y nuestros soldados… para hacer mi trabajo”, explicó el miércoles a la AFP el médico Ara Ayvazian, de 42 años, aunque pidió no se revelara la ubicación del hospital en el que trabaja.

Aquí son atendidos tanto civiles como militares de Nagorno Karabaj, heridos en el frente o en los bombardeos, explica el médico, que lleva una colorida bandana en la cabeza.

Cuenta que ejerce con la ilusión de salvar vidas porque “cada vida de un ciudadano armenio tiene valor”.

“¿Hoy? No lo he contado”, indica, contestando a la pregunta de cuántas operaciones había llevado a cabo.

“Cada día es distinto… Tenemos días con muy pocos heridos. Tenemos días donde hay fila de espera para la sala de operaciones […] Ayer [martes] fue un día muy difícil, estuvimos todo el día” en la sala de operaciones, cuenta.

“Depende de dónde bombardeen [las fuerzas azerbaiyanas] y de cuántas veces lo hagan. A veces apuntan contra ciudadanos inocentes, niños, adultos.. y cuando bombardean viviendas de gente, toda la familia viene a nuestro hospital”, añade.

En los pasillos de los sótanos, iluminados con luces de neón y cuya entrada está custodiada por militares armados y uniformados, dos enfermeras se dan ánimo; otra se sujeta la cabeza entre las manos, con semblante nervioso, mirando al suelo.

  • ¿A qué precio? –

“Todo lo que hemos visto en los últimos días puede volvernos locos, no podemos continuar así… Pero, por favor, quédense junto a nuestros soldados, al lado de nuestro pueblo”, implora, con los ojos enrojecidos y punto de llorar, Nuneh Ohanian, una médica de 49 años.

“A veces hay soldados que vienen aquí y nos animan, muchos soldados heridos nos animan, diciendo que vamos a ganar. Pero cuando llegue la victoria, ¿a qué precio lo hará? No lo sabemos”, añade, pensativa.

Los combates han dejado más de 620 muertos desde finales de septiembre, según unos balances parciales que podrían ser mucho más altos, pues Azerbaiyán no comunica los decesos registrados entre sus tropas. Tampoco se conoce el número de heridos.

Para el médico Ara Ayvazian, trabajar bajo los bombardeos “era problemático al principio”, pero ahora, con la experiencia, saben adivinar qué tipo de armas se están empleando y la distancia por el sonido.

“¿Ven?”, dice, señalando a su alrededor. “Todo en torno a aquí son bombardeos de [cohetes] Grad, Smerch, agujeros muy grandes de bombardeos aéreos de misiles. Esto es casi habitual”.

En cualquier caso, él no tiene intención de irse, pese al peligro. “Me quedaré hasta que ganemos. Hasta el último soldado y el último ciudadano que necesite ayuda”.

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