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Fabián Jarrín: Arte que no suscita cosas nuevas, arte que no transgrede, no sirve para un carajo (Video)

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Quito.- (Andes).- Viva la voz que juega entre los graves más graves y los agudos más agudos, aparece el cantautor ecuatoriano Fabián Jarrín. En sus composiciones están los fantasmas y las dudas que asaltan su cabeza. Los sonidos de su guitarra, acariciada por unas manos que no disimulan ligeras pecas, son intrépidos: vagan por aquí y se encuentran con un blues, se van por allá y traen un folk. Es el trovador -nunca mejor usado el término- que trae buenas noticias.

Fabián Jarrín creó un sitio web (www.fabianjarrin.com) en el que el público puede escuchar y descargar sus canciones (tiene tres álbumes), leer su poesía y conocer entretelones de su vida. Caliente aún está su tercera producción discográfica llamada Egotario: todo un trabajo en el que –a decir del autor– se juega la idea del mirarse a uno mismo, un tanto borroso.

Egotario apunta a dos cosas: la primera, un trabajo creativo sin entrar en enormes gastos, logrado casi artesanalmente. Grabado en el estudio que tiene en su casa, en la bodega sonorizada, Egotario esconde un par de perlas y un trabajo muy personal del autor. En definitiva: “no entrar a bailar al son del mercado financiero ni en el mundillo de las disqueras que después ahorcan”. La segunda es el plano netamente creativo: todos los arreglos del álbum fueron hechos por Fabián Jarrín.

En su página, además, se encuentran alrededor de 50  dibujos –otra de sus pasiones–. “En general (esos dibujos) lo que quieren es mostrar este quehacer de un tipo más que está trabajando amorosamente sus cosas”, dice.

Amorosamente, sí. Él no miente. Tiene 18 años cantando y no ha dejado de hacer este camino con un amor constante y paciente. Uno a uno, ha ido convocando a los trovadores para que se sumen a este sueño, a este oficio de cantar, de acercarse a la poesía.

Si su principal interés fuera devengar dinero, se dedicaría a ejercer su profesión de mecánico, que fue lo que estudió. Pero no, las barbas blanqueadas que se extienden al final de su rostro, hablan de sus angustias y de las noches sin dormir que la canción de autor exige.

Video por Agencia AndesEcuador

Jarrín define  su estilo como “Canción de autor” y lo deja claro: “No todo cantautor hace canción de autor”. “Igual que con el cine de autor, la cocina de autor, es que sea muy fácilmente degustable y legible el carácter personal del autor; que marque un estilo y una postura –ojalá filosófica­ y no solo estética–, con una propuesta muy personal. En el caso de la música, al pasar por el hecho de trabajar con la literatura, tiene que hacer acopio de muchísimo cuidado en concebir y pulir la letrística. Hay quienes hacen eso de musicalizar a  los grandes poetas. Eso te muestra el objetivo de la canción de autor, ese cuidado en la palabra, perseguir –ojalá– la poesía”, plantea.

“Yo hago lo que me pide el cuerpo, el alma y el ceso. Lo hago con mucho empeño, con mucho trabajo –desecho mucho de lo que hago, desde hace muchos años (…) Me fijo mucho en lo que hice hace muchos años y con lo que me pueden identificar. Esta búsqueda de hacer poesía, la marcada de folk y de blues; con mucho menos influencia de nuestra música nacional como lo que quisiera (…) y cierto desparpajo en tocar temas que pueden ser tabú”, responde el ecuatoriano cuando se le pregunta sobre su canción.

Él hombre, guitarra negra entre las manos, está seguro de que si el arte no mueve la alfombra y  no suscita cosas nuevas, arte que no transgrede, no sirve para un carajo: se vuelve un arte decorativo.

Su canción no está lejos del acontecer político y reconoce el cambio que vive el país a ese nivel. “El cambio es innegable. Gusta a unos, disgusta a otros; a los que les disgusta habría que preguntarles ‘¿por qué? Y esa es una pregunta que trato de responder en lo que voy creando, o trato de preguntar más”, asegura.

Su aguda mirada busca desentrañar el poder detrás del poder. Junto a Chomsky y Aute, repite que “el gran dictador es el mercado y a ese hay que tirarle piedras”. “Tomar actitudes en contra del Mercado, más que hablar, significa arriesgar, a veces, la comida de tus hijos. Pero eso ay que hacer”, concluye.

Así, asumiendo riesgos, con la poesía en su canto, Fabián Jarrín hace su trabajo a pulso. No sabe siquiera si alguien cosechará frutos de este trabajo. “De pronto ni cosechan, porque quizá la fuerza contra la que luchamos es mayor”. Y si la probabilidad de salir derrotados de esta es alta, igual –dice- no voy a dejar de pelearle.

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