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Esperanza de paz en la frontera Ecuador-Colombia (video)

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En Contexto: Realidad binacional.- (Por José Olmos. EL UNIVERSO).- En ambos lados de la frontera ecuatoriano-colombiana, pobladores esperan que ese diálogo les favorezca.

Un cartel de medio metro de alto por unos seis de largo resalta en la selva, a orillas del río San Miguel, frente al poblado ecuatoriano de Puerto Nuevo, al noreste de Sucumbíos. Es como una leyenda de bienvenida a suelo colombiano, pero marca presencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Allí, sobre un fondo amarillo, azul y rojo de la bandera colombiana, están las fotos de Manuel Marulanda (alias Tirofijo), Alfonso Cano, Jorge Briceño (Mono Jojoy) y Raúl Reyes, líderes guerrilleros dados de baja por las fuerzas militares de Colombia desde el 2008, dentro del histórico conflicto de cinco décadas entre el Estado y las FARC. Ahora existe una luz de esperanza para poner fin a esa guerra interna, cuando el próximo miércoles se inicie un proceso de paz en Oslo, Noruega.

El cartel está cerca de puerto Teteyé, poblado fronterizo colombiano que ha sufrido el rigor de la guerra interna, que en aquel país ha dejado –según el gobierno y ONG– unos 60.000 muertos, 4.000 desaparecidos y 3,7 millones de desplazados. De estos, entre 250 mil y 500 mil han llegado al Ecuador.

A menos de 1 km del cartel está un puesto del Ejército colombiano. En medio está el pueblo de medio centenar de casas de madera, algunas con huellas de disparos en los techos. Hay cráteres de explosiones en los alrededores, producto de la lucha entre Ejército y guerrilla.

Video por EL UNIVERSO

Una de las habitantes del pueblo es Albaluz Echeverri, de 65 años. Vive 35 en Teteyé. A su hijo lo mataron los paracos, como ella llama a los paramilitares que hace 15 años combatían a las FARC. La guerrilla, con su Frente 48, está en todo el Putumayo. Pero hoy, en la selva, desde el 2008, cuando llegó el Ejército.

Echeverri dice que ella y otras dos vecinas fueron las únicas que no se movieron del pueblo cuando peleaban cerca la guerrilla y los militares regulares.

“Sería bueno que llegaran a un acuerdo de paz entre ellos. Pero a nosotros, lo que nos preocupa es lo económico. Cuando estaba la guerrilla nos ayudaban, ahora que no hay coca y otros cultivos producen poco”, afirma la mujer, que vende víveres.

Su esperanza de paz entre las FARC y el gobierno y sus aspiraciones de una mejor situación económica se repiten en ambos lados de la frontera de 660 km entre Ecuador y Colombia.

En cada vereda, municipio y departamento del vecino país; en cada recinto, parroquia y cantón de Sucumbíos, Carchi y Esmeraldas, por donde este Diario hizo un recorrido esta semana, dirigentes comunales y autoridades aspiran que los diálogos de paz se encaminen.

Cada familia y cada pueblo sabe que el conflicto ha dejado muerte, desplazamiento, gasto militar. Ecuador no solo acoge a desplazados, sino que gasta en mantener actualmente a 4.000 militares en la frontera norte, según dijo el ministro de Defensa, Miguel Carvajal, a un canal de Orellana, hace una semana.

“Para nosotros sería buenísimo que se llegue a un acuerdo de paz. Eso mejoraría la realidad del cordón fronterizo, mejoraría el comercio”, afirma Joffre Abarca, presidente del recinto Puerto Nuevo, que se desarrolló al ritmo del conflicto. Hoy acoge a 250 familias, 70% colombianas, según Abarca.

El viaje entre Puerto Nuevo y Teteyé es en canoas, una de ellas llamada El cartel. Este es uno de los cerca de 20 pasos fronterizos informales entre Sucumbíos y Putumayo, además del único oficial en el puente internacional San Miguel. En Carchi, hay otros 25 caminos informales y en Esmeraldas, unos diez y todo el estuario del río Mataje.

De Puerto Nuevo se sale a Dureno, en el km 30 de la asfaltada vía Nueva Loja-Puerto El Carmen. La ruta de salida es de lastre y cruza por poblados como La Chone, Bahía de Caráquez y otros bautizados por colonos que llegaron a fines del sesenta del siglo pasado, pero que hace una década debieron salir en su gran mayoría, por la violencia del otro lado de la frontera.

En esta región, así como en todo el cordón fronterizo de Sucumbíos, un 40% de los predios está en poder de colombianos, según organismos seccionales, aunque sin escrituras porque la ley impide que puedan ser dueños en una franja de 40 km.

En el extremo oriental de Sucumbíos está Puerto El Carmen, cabecera cantonal de Putumayo. En el centro las actividades se mueren pasadas las nueve de la noche. Allí se han dado en este último año más de 35 asesinatos. Las víctimas: colombianos, salvo un ecuatoriano.

Puerto El Carmen es la entrada fluvial a decenas de veredas del vecino país. Una es Puerto Ospina, donde operan dos lanchas de la Armada Colombiana y casi 200 uniformados.

En Puerto Ospina viven 180 familias y convergen otras 450 de la zona. Es un pueblo de casas de tabla que floreció hasta el 2005 por la coca, pero que ahora enfrenta pobreza por la erradicación del cultivo ilegal y que se trasladó a los departamentos de Nariño, frente a Esmeraldas, y Cauca. Hasta los precios de la pasta de cocaína bajaron. En el 2003, el kilo valía 3 millones de pesos (unos 1.600 dólares en la época); ahora vale millón y medio (650 dólares).

Por esa situación, Luz Ángela Gómez, presidenta de Puerto Ospina, dice que se alegra por los diálogos, pero advierte que si el proceso no se preocupa de lo social, una hipotética paz serviría poco. “Nosotros acá queremos que el Gobierno no solo se dedique al proceso de paz como tal, sino que ponga sus ojos en nosotros, que somos unas personas olvidadas, que solo le interesamos para votaciones. No ha habido un apoyo social para estas zonas”, reclama Gómez.

Ese mismo pedido de apoyo social se da en Unión Orense, Patria Nueva y General Farfán, localidades ecuatorianas ubicadas al norte de Nueva Loja, en la línea de frontera. La llegada de desplazados ha hecho que aumenten las necesidades.

Fidelina Alvarado, presidenta de la Red Fronteriza de Paz en Sucumbíos, clama que también se establezca un diálogo nacional en Ecuador para crear la Ley de Desarrollo Fronterizo. Aunque recalca la importancia de los diálogos. “Tenemos mucha esperanza de que si se firma la paz en Colombia va a ser de beneficio para nuestra gente y para los que han llegado”, refiere.

Al otro lado de General Farfán, cruzando el puente internacional, el conflicto sigue intenso. En San Miguel, La Dorada y La Hormiga, la Policía tiene en los centros poblados unos búnker formados con sacos de arena. En la vía hay militares con tanquetas. En la zona rural, los últimos seis meses han sido violentos por la erradicación de la coca. Las FARC han colocado minas y decenas de comunidades han quedado aisladas. En otras ha habido desplazamientos, en su mayoría a Ecuador.

En Carchi y Esmeraldas, colindantes con el departamento colombiano de Nariño, también hay efectos y esperanza.

El presidente de la Cámara de Comercio de Ipiales, Harold Delgado, dice que el inicio de los diálogos de paz es visto como una oportunidad, no solo para su país, sino para Ecuador, porque esto permitirá mejorar las relaciones comerciales.

En cambio, el alcalde de San Lorenzo (Esmeraldas), Gustavo Samaniego, cree que con la paz disminuirá la llegada de desplazados. Casi 25 mil de los 65 mil habitantes son colombianos.

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