Política

El Presidente comete el pecado de creerse Dios (video)

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Video por Diario HOY Ecuador

(Por Diario HOY.com).- Simón Espinosa Cordero presenta Vine, vi, linché. Son 124 artículos periodísticos en los que se miden las sr.simonespinosatransiciones políticas y culturales del país.

¿Qué país, qué mundo están retratados en los 124 artículos de Vine, vi, linché?

Un país que salía de la dictadura del triunvirato, que tenía el dinero del petróleo, pero también una deuda privada altísima en dólares. Entonces el período de la democracia entró quebrado.

En sus artículos Usted recoge también palabras de los evangelios. ¿Cómo empató esa pasión personal en un Estado que se dice laico?

Recordar una figura que saque (a los lectores) de cierta tristeza siempre es reconfortante. Mi filosofía ha sido señalar con crudeza y a veces con sarcasmo lo que yo creo que estaba mal. Y cuando me he equivocado había la obligación ética de retractarme. Siempre he sentido simpatía por la persona humana, en un Ecuador en que nos odiamos mucho entre unos y otros.

¿Se cumple la metáfora del balde de cangrejos?

Sí. Sí, sí, sí… Talvez el defecto nacional sea la envidia. Entonces éticamente tenemos que avanzar mucho, lo cual en un pueblo joven en la historia, como este, se explica muy bien por qué.

¿Las revoluciones son esencialmente éticas y culturales, más que políticas?

Es todo. Si uno respeta al prójimo, si uno se pone en el lugar del otro, si no lo está constantemente explotando, yo creo que esa es la forma de ir progresando.

Hay quienes dicen que el análisis que se condensa en un artículo tiene un poder prospectivo. En el crítico 1997 usted publicó El desierto de los tártaros. Casi al final dice: “… si no hay una voluntad nacional para vivir racionalmente, vendrá la imposición brutal del orden”. ¿Esto, 17 años después, se ha cumplido con un Estado que está ‘disciplinando’ a la sociedad?

Sí, se está tratando de disciplinar a la sociedad. Pero no por convencimiento, no porque la sociedad vaya reflexionando y mejorando moralmente, con opciones de libertad. Naturalmente se necesita una mano fuerte para crear un orden social más justo. Sin embargo, ¿simplemente imponer? ¿Hasta cuándo va a durar esa imposición? ¿Va a durar hasta que haya dinero? Y ¿después? ¿Vamos a tener que rehacernos sin instituciones, golpeados por un odio que se ha instalado? Yo alabo la intención del actual Presidente; repruebo sus métodos. Y, sobre todo, yo creo que él comete el pecado de creerse dios. Franco, Hitler, Musolini se creyeron dioses y, a lo largo de la historia, todos los que se han creído dioses han llevado a su pueblo a la destrucción.

¿Por qué ese delirio moral de creerse dioses?

Porque, cuando tienen el poder, tienen todo, y entonces creen que son dueños de vida y hacienda. En el momento en que tú tienes el poder sobre todo un pueblo, te vuelves animal: dejas de ser racional y te vuelves como un animal de la selva en la que el más fuerte predomina. Es claro el caso de la Unión Soviética. El mismo caso de Cuba… Claro que dicen que es por el bloqueo, pero bueno, bueno…

Una cosa es el bloqueo y otra haber corporativizado un Estado y haber creado castas estatales…

Exacto. El hombre poderoso que tiene acceso al dinero va a tener siempre una corte de aduladores que medran del poder. Eso ha sido siempre en la historia. Entonces cree que puede hacer lo que le viene en gana; pero llega un momento en que se derrumba todo. Porque lo que verdaderamente vale es la libertad que nace de una voluntad del pueblo de ser nación, y eso significa ser ciudadanos que se ayudan.

¿En ese ejercicio se ve cómo el poder se vuelve fatuo?

La literatura clásica griega tenía un dicho: que los dioses, a quienes quieren perder, le enloquecen con el poder, con la vanidad. Eso se ha repetido siempre en la historia, dentro de las iglesias, dentro de los reyes, de los imperios, de los regímenes totalitarios… Y no aprendemos, porque qué más locura fue la II Guerra Mundial, la muerte de los judíos, la de 20 millones de rusos… ¿Para qué?

¿Hay línea demarcatoria entre la infatuación del poder y la banalización del mal?

Por eso digo que se vuelve al Reino Animal, y allí prima la ley del más macho, cuando la civilización es haberse puesto de acuerdo en función del respeto. Ninguno de nosotros tiene ni la justicia ni el saber en todo.

En un momento de polarización, ¿cuánto la palabra, la que nace en los debates, puede ayudar a desarmar las conciencias?

Esa bomba se desactivaría con humildad y con respeto. Escuchar al otro, pedir que se nos escuche, pero no imponer. Eso se llama alteridad.

¿Cuánto ha disfrutado su columna Windows en HOY?

Siempre la he disfrutado. La intención fue dar variedad, porque el peligro está en repetirse.

¿Repetir errores es otro signo del país? Si uno lee sus columnas de antaño y pone apellidos del presente a los actores de esas épocas, los problemas son los mismos.

Es que la sociedad no ha cambiado. El poder sigue en las mismas manos. Y no son manos generosas. No ha habido una burguesía nacional generosa.

¿Este fue un país sin élites?

Hemos repetido el mismo error. Hemos estado regidos por militares extranjeros, representantes del poder de la Iglesia, por la plutocracia y los agroexportadores; luego hemos querido copiar un socialismo de fuera.

El sarcasmo, una de sus herramientas más fuertes, ¿es el conjuro a esa fatalidad?

El sarcasmo es el lenguaje del débil ante el poder de los cínicos.

La literatura clásica griega tenía un dicho que es muy famoso: que los dioses, a quienes quieren perder, lo enloquecen con el poder, con la vanidad

Franco, Hitler, Musolini se creyeron dioses y, a lo largo de la historia, todos los que se han creído dioses han llevado a su pueblo a la destrucción.

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