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EL POPULISMO EMBAUCADOR

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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

Hablando de política, en estos tiempos, es pertinente analizar su entorno electoral con relación al sistema doctrinario e ideológico, si todavía existe, así vemos que: la derecha tiene su norte, la izquierda igual, incluso los de centro saben que deben hacer, pero los falaces populistas lo único que entienden, es jugar con tus necesidades. Te consultan, te encuestan, te miden, y de tus respuestas, necesidades y argumentos, arman su discurso, su propuesta, su mentira. Como a éstos últimos, les dio resultado embaucar, casi todos los partidos y movimientos cayeron en la misma desfachatez: jugar con la gente, hacerla soñar, robarse su esperanza y destrozar la fe.

En los últimos días hemos visto con mucho pesar que, los que añoran llegar a Carondelet, revestidos de un vil populismo embaucador, para mostrarse y ser populares toman como primera opción: hablar barrabasadas, hacerse los payasos o cuajar frases burdas, sin importarles lo ridículos que se ven. Muchos de los aspirantes a presidente, están más preocupados en dejarse llevar por la maquiavélica imaginación de los marketólogos, o enrolarse en la trampa populachera, que, formular propuestas serias, para sacar al país de la gravísima crisis económica, política, institucional, educativa y moral que atravesamos.

La desgracia es tan grave que duele contrastar la realidad, cuando nos preguntamos: Qué tiene que ver la imperiosa necesidad de que elijamos a un estadista, con: la mediocre postura de un Gutiérrez saliendo en un video con una bazuca, burlándose de la justicia, ofreciendo plomo a los corruptos; a una torpe postura diplomática de un Balda, que amenaza con colocar en el palacio presidencial una bandera de China con un murciélago a media asta, como reproche por la pandemia; a una histórica ridiculez de Noboa, peleando con un huracán y balbuceando los pírricos discursos que sus pésimos asesores le cobran por redactarlos mal; a un desesperado banquero como Laso, ofreciendo cual Cantuña, arreglar el país en los 100 primeros minutos de su fantaseado gobierno, o replicar desencajado el “famoso” que “chugcha”, referido por otro niño rico.

Los mediocres precandidatos que se prestan para esta trama populista, deberían conocer que no se preparan para una juerga en Halloween, sino entender que, van a enfrentar problemas graves: una economía desbastada, funciones putrefactas, instituciones en decadencia, todo comandado por: grandes mafias de la contratación, medianas oligarquías políticas, pequeñas sectas institucionales y hasta nacientes clanes especializados en la venta de cargos públicos. Realmente, enfrentar el hampa organizada que se adueñó del Estado, requiere de un gran estadista, con temple, carácter y decisión, que reclute no sólo gente capaz, sino ciudadanos honestos, probos y decentes. Ojalá, en este pobre país que se debate entre la miseria y los miserables, tengamos una opción seria y digna por quien votar, y no vernos obligados a escoger entre pandillas populistas.

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