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El mundo: ¿está de cabeza?

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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

No sé si el mundo está con la cabeza al revés: si estamos viendo las cosas de manera equivocada, o somos quienes realmente nos encontramos extraviados; no sé si queremos nadar contra corriente o sentimos la imperiosa obligación moral de no dejarnos arrastrar por el sistema. Vemos tantas cosas que suceden con evidente y escandalosa contradicción, y nos chocamos casi todos los días con varias incoherencias, que asusta lo que se viene en los próximos años; por eso, pensamos que de manera urgente hay que salir de las aguas profundas, porque están demasiado turbias.

En todos los campos encontramos actos enlodados, y son tantos, que se nos está haciendo costumbre verlos llegar y quedarse. Siendo reprochable: ver a gente que habla con sus hijos de honestidad y defienden directa o indirectamente a los corruptos gobernantes seccionales; repudia, ver cómo le sacan la plata del bolsillo a los ciudadanos a través de impuestos, para pagar gente que los persiga en los mercados; molesta, ver cómo a nuestros pueblos los entretienen con fiestas y dádivas, inventándoles paralelamente cualquier pretexto para no asfaltarles la carretera.

Sí, duele ver cómo nos quejamos de la libertad de expresión, pero direccionamos sesgadamente a quienes deben expresarse; fastidia, ver como alabamos la meritocracia, pero ponen barreras para que estudien nuestros jóvenes en las universidades públicas, y callamos; también debería preocuparnos, el ver como privilegiados funcionarios con sueldos bajos o medianos, logran en poco tiempo construir fortunas, darse la buena vida y derrochar en lujuriosos viajes al exterior. Al parecer, y no hay que descuidarse de este tema, muchos se afianzaron con la familiocracia, rezagando los méritos de quienes no tienen palancas, y callamos.

Nadie tiene la barita mágica para cambiar la sociedad, pero pueden seguir vendiendo cualquier falsedad, mientras tengan ayuda. En el caso particular de Loja, no es una plaza para tener nuevos ricos, pero las respuestas, salvo marcadas excepciones, casi en su totalidad son las mismas, sino se sacaron la lotería o se beneficiaron de una gran herencia, los capitales son por actos de corrupción. Lo lamentable es que existe un silencio encubridor, que hay que desatarlo, porque las mentiras solo se reproducen cuando tienen cómplices. Ya es tiempo de ubicarnos con coherencia en el lugar que moralmente nos corresponde, ya basta de equivocaciones.

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