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El maltrato a la mujer en todas sus formas es un problema que aún persiste en Ecuador

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Quito.- (Andes).- Olga, madre de familia de 56 años, es una de tantas víctimas del maltrato contra la mujer. Ella estuvo casada 25 años; sin embargo, su problema inició hace 2 años cuando su esposo comenzó a beber cotidianamente.

Ahí fue cuando todo empezó: “Él llegaba a la casa en estado de ebriedad e intentaba golpearme, a mí y a mi hija. Los fines de semana preferíamos no estar en casa y evitar conflictos”, asegura Olga. “Una noche llegó ebrio, empujo a mi hija contra un electrodoméstico y la dejó inconsciente. Mis dos hijos varones, en un intento por  defendernos le golpearon a su padre”

Olga cuenta que esa noche decidieron abandonar la casa e ir a vivir un tiempo donde un familiar. Ella puso la denuncia en contra de su marido, pero su sorpresa fue grande al enterarse que él también había denunciado por agresión a sus dos hijos.

Armada de valor llamó a su ex pareja y solicitó hablar. Ambos conversaron y llegaron al acuerdo de levantar ambas denuncias. Él le pidió que regrese con sus hijos a su casa, sin embargo ella no aceptó y actualmente tramitan el divorcio.

Para Cristina, docente de 38 años, su cuento de hadas terminó al año y medio de haber contraído nupcias. Ella y Alejandro fueron novios por 6 años, luego de los cuales decidieron formalizar su compromiso.

Su felicidad terminó cuando descubrieron que Cristina era estéril, y no podrían tener hijos. Ambos acordaron realizar los tratamientos necesarios para poder concebir; Sin embargo, los estragos del tratamiento comenzaron a notarse en Cristina. Ella engordó, en su cara aparecieron manchas, su carácter se hizo más susceptible, e incluso notó reducción en su deseo sexual.

“Alejandro empezó a ponerme peros. Todos los días me recordaba lo gorda que estaba, que mi cara ya no era la de antes que me había descuidado, que le daba vergüenza que lo vieran conmigo y que supieran que yo era su esposa”, afirmó Cristina.

Cristina se siente decepcionada pues su pareja no compartió con ella los efectos adversos del tratamiento y dejó su autoestima por el suelo. Finalmente le pidió el divorcio y Cristina no tuvo objeción alguna, pues aunque le doliera la separación no quería compartir toda su vida con alguien que no la apoyara. Ahora piensa en la adopción como una opción a futuro para poder ser madre.

Mónica, estudiante de 24 años, pasó por una situación crítica cuando era acosada sexualmente por un profesor universitario, quien la amedrentaba con la amenaza de que si no salía con él perdería el semestre. Ella asegura que nunca aceptó las proposiciones del profesor, pero su angustia aumentó cuando en el primer parcial no alcanzaba el puntaje requerido.

Luego de pensarlo dos veces, Mónica decidió acercarse al decano de su carrera y solicitar la recalificación de sus trabajos. Afortunadamente su requerimiento fue aceptado y tuvo opción de aprobar el semestre. “Parece que con la solicitud que realicé la integridad del profesor quedó cuestionada porque desde ahí dejó de molestarme”, señala la estudiante.

Mónica tuvo suerte de que las cosas terminaran así, pues nunca se hubiera atrevido a denunciarlo; es madre soltera y su miedo era que con una denuncia el profesor tomara represalias que afectaran a su niño.

Un caso parecido es el de Carla, secretaria de 26 años, quien al no aceptar las proposiciones sexuales de su jefe terminó humillada y maltratada en el cargo, pues cuando algo no le parecía le lanzaba los documentos o la trataba sin ningún tipo de respeto.
“Los insultos eran despectivos; yo era la última rueda del coche. Ni siquiera me respondía el saludo, no le importaba si estaba enferma o tenía algún problema. Siempre me mandaba indirectas haciéndome quedar como una incompetente con las demás”.

Un día no aguantó más y comentó la situación con sus padres quienes le aconsejaron dejar el trabajo. “No había renunciado antes porque con mi salario pagaba mis estudios, pero me arrepiento de haber aguantado un año la prepotencia de ese hombre”, concluye.

Vanessa, estudiante de 19 años, a pesar de su corta edad, vivió una experiencia que la marcó para siempre. Ella y Francisco se conocieron en un concierto y desde ese día decidieron ser pareja. Con el paso del tiempo, Francisco demostraba más su carácter posesivo e iracundo.

Vanessa ya no podía salir con sus amigas ni vestirse como ella quería pues Francisco sentía celos extremos. “Me iba a ver a mi casa en las mañanas para acompañarme hasta la universidad. Me esperaba a la salida de clases para llevarme a mi casa; me llamaba como 20 veces al día”, señala.

Entonces decidió terminar, pero él no aceptó y la acosaba. Vanessa decidió acudir a sus padres, quienes la apoyaron y optaron por solicitar una boleta de auxilio para mantener alejado a Francisco de su hija. Cuando terminaron las clases, ella viajó a Santa Rosa (provincia del Oro), a casa de su abuela materna para pasar las vacaciones. Afortunadamente cuando regresó se enteró que su ex novio había abandonado el país.

Datos informativos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), indican que en Ecuador, 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia. Una de cada cuatro mujeres ha vivido violencia sexual, sin embargo las estadísticas registran que la violencia psicológica es la forma más recurrente.

De la totalidad de mujeres que ha sufrido maltrato, el 53.9% ha sufrido violencia física, un 38% violencia psicológica, un 25,7% violencia sexual y un 25,3% violencia patrimonial. Del total de mujeres que han sufrido violencia física, el 87.3% lo ha hecho en sus relaciones de pareja.

La violencia patrimonial es aquella que está dirigida contra nuestros bienes y pertenencias. Por ejemplo, destruir la vestimenta, esconder correspondencia o documentos personales, hurtar el salario, vender o destruir enseres domésticos con la finalidad de impedir a una persona realizar sus actividades.

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