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EL CORONAVIRUS DESTROZA AL MUNDO

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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

Se torna inimaginable entender que la modernidad, los avances científicos y la tecnología, vean complicado crear el antídoto que sirva para neutralizar o contrarrestar los efectos del coronavirus, que destroza al mundo entero a paso agigantado, sin hacer distinción entre países chicos o grandes, llámense de primer, segundo o tercer mundo. Si realizamos una vista panorámica del planeta, se encuentra infectado por todos lados; las potencias como: EEUU, Italia, España, China y Alemania, no encuentran el camino para salir del aprieto, liderando el número de contagios en el mundo; en un segundo rango, Estados en desarrollo, como: Brasil, México o Chile, empiezan a tener infectados en alto número; y, en un tercer rango, países como Ecuador, en las dos ciudades más pobladas no encuentran como enfrentar los graves problemas que se incrementan a diario.

No sabemos si se trata de una guerra entre potencias, no vemos un ganador; porque precisamente, son las potencias las que más muertos han tenido que enterrar. Si es una guerra, tampoco es fácil identificar cual fue el objeto real del ataque: reducir la población, destruir la economía del mundo entero; o, disputarse la hegemonía del poder. Claro, hay teorías que parecen estar fuera de contexto, pero se habla de un reseteo mundial o incluso de un nuevo orden mundial. También nos preguntamos: ¿El virus nació por un error de laboratorio? ¿Lo esparcieron, para afectar a toda la población? ¿Por qué hubo falta de controles migratorios? ¿Cómo se propagó tan rápido en el mundo? ¿Quién puede ser tan infame para destruir la humanidad?

Igualmente, vemos que no han podido darse la mano los aliados, porque está ocupado cada quien en enterrar a sus muertos; y, no podemos dejar de lado, existieron premoniciones que alertaron a su debido tiempo que atravesaríamos una pandemia en el 2020, lastimosamente no tuvimos el cuidado de prepararnos. Ahora, los médicos desprotegidos intentan hacer milagros, mientras los gobernantes no salen del asombro, quienes a pesar de que controlan todo, mediante aburridas estadísticas sólo buscan evitar el pánico, sobre todo, el pánico político que los declara ineficientes, porque: se farrearon las reservas, no tienen un plan de contingencia, ni tienen estrategias de emergencia.

Si los países grandes no tienen respuestas, los países pequeños menos podemos encontrar la salida humana; quedándonos el camino divino, rogar a DIOS que se apiade de la humanidad que el mismo creó. Sin embargo, ahora, muchos nos preguntamos: ¿Dónde está DIOS cuando más lo necesitamos? La respuesta más clara que escuché, fue: DIOS está exactamente en el lugar que lo hemos ubicado: Unos, lo llevan en el corazón. Otros, lo tienen fuera de su vida. Lo único cierto es que: “Nada traemos, ni nada nos llevaremos.”, y así, debemos entenderlo.

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