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Drogas sintéticas adulteradas, el peligro que acecha a los jóvenes de Colombia (vídeos)

Drogas sintéticas adulteradas, el peligro que acecha a los jóvenes de Colombia (vídeos)
marzo 05
17:48 2018
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(Por Sebastián Aguirre Eastman.- Yahoo noticias).- El 6 de febrero, la captura en Medellín de Sebastián Murillo Echeverry, alias “Lindolfo”, imputado por las autoridades colombianas de cuatro delitos relacionados con la presunta coordinación de actos criminales para la banda “La Oficina”, generó conmoción por tratarse de un prestante empresario, reconocido además por ser el esposo de la presentadora de televisión Vaneza Peláez.

La pareja frecuentaba eventos sociales y tenía amistades cercanas con personajes de la farándula y la música nacional.

En el operativo fueron capturadas otras seis personas, y en los allanamientos la policía informó haber decomisado, además de armas, documentos y dinero en efectivo, 445 dosis de la droga 2CB o “cocaína rosada”, la misma sustancia que el 22 de febrero la autoridad halló en una cantidad de 240 gramos dentro de una encomienda que se encontraba en la bodega de carga del Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá, próxima a ser ingresada en un vuelo con destino a Miami.

De esta droga se tuvo conocimiento por primera vez en la región en 2010, relata a Yahoo Noticias la mayor Liz Wendy Cuadros, jefe del Centro de Estudios Estratégicos contra el Narcotráfico de la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional de Colombia.

El auge tuvo su origen algunos años antes en países como Alemania, Holanda y Bélgica, donde se fabricaba y se distribuía para el consumo en especial de una población entre 19 y 29 años en fiestas y encuentros nocturnos. La tendencia, entonces, era miniaturizar las drogas en presentaciones menores a un gramo de peso.

Colombia, por sus antecedentes relacionados con el narcotráfico, fue uno de los primeros territorios en Latinoamérica donde fue distribuida y comercializada esta sustancia, aunque la mayor Liz Cuadros aclara que en el país no se produce.

Se ofrecía como la droga de “élite”, por su alto valor comercial. Por 0,25 o 0,75 gramos de esta sustancia, como la ofrecen los distribuidores en calle, pueden solicitar hasta cerca de 60 dólares (180.000 pesos colombianos), dependiendo del lugar de venta, del cliente, incluso de si el servicio incluye entrega a domicilio.

En 2012 cae uno de los principales distribuidores de esa droga en Colombia, alias “Alejo Tusibí”, y la “cocaína rosada” comienza a ser tema de debate, por el alto consumo en una parte de la población joven y los peligros para su salud.

Pero tras un tiempo, la mayor Cuadros señala que la “cocaína rosada” se fue convirtiendo en un mito, pues si bien en los primeros informes de incautaciones se reseñaba esta sustancia, los análisis de laboratorio han descubierto que esta ha sido adulterada con otros productos, en especial la ketamina, un anestésico.

De hecho Jenny Faguas, líder del Grupo de reducción del consumo de drogas de la Dirección de Política de Drogas del Ministerio de Justicia y del Derecho, advierte en conversación con Yahoo Noticias que en 2017 no reportaron incautaciones de 2CB. En contraste, la Dirección Antinarcóticos registra que el año pasado decomisaron 1.160 gramos de la droga, frente a 7.034 de 2014.

Todo, al parecer, es un asunto de marketing y el nombre es utilizado por las economías criminales para mantener la prosperidad del negocio. De hecho, la droga no es rosada; los distribuidores la pintan de ese color para seguir con el juego del mercado que se ha formado alrededor del mito.

¿Qué es la 2CB?

Esta droga, explica a Yahoo Noticias la médica especialista en toxicología Marie Claire Berrouet Mejía, pertenece al grupo de las feniletilaminas, sustancias sintéticas, y actúan a través de unos neurotransmisores como serotonina, dopamina y noradrelalina, que hacen que estas drogas se eliminen menos y aumenten sus concentraciones en el sistema nervioso central.

La 2CB se puede encontrar en polvo o pastillas. La dosis promedio personal es de 4 a 30 miligramos, y dependiendo del individuo las sensaciones que genera, como “euforia y felicidad extrema, cambios en la percepción de los sentidos (alucinaciones, distorsiones, efectos en tactógenos que favorecen los sentimientos emocionales y sociales)”, se pueden reflejar en cuestión de una hora, pero incluso hasta en un periodo de ocho horas, lo cual provoca que algunos consumidores, al no sentir una reacción inmediata, la ingieran en mayores cantidades al creer que no les ha causado efecto alguno.

“El problema es que a dosis más altas, puede presentar cuadros de psicosis (el paciente se disocia de la realidad y en ese estado puede agredirse a él o a otra persona). Los signos vitales se van a alterar, habrá hipertensión, taquicardia, riesgos cardiovasculares y neurológicos, con mayor preocupación cuando hay convulsiones, compromisos musculares porque hacen marcada rigidez, y eso los lleva a tener compromisos renales”, agrega la toxicóloga.

¿Qué hacer?

El problema principal para las autoridades radica en la adulteración de la 2CB, pues los componentes utilizados no hacen parte de la sustancias definidas en el tratado de fiscalización internacional de la Organización de Naciones Unidas, ONU, en la cual sí está incluida la 2CB, al igual que otros 736 productos, explica Jenny Faguas, del Observatorio de Drogas.

En esa lista también están reseñadas 250 sustancias naturales, como la cocaína y el cannabis.

Así, las autoridades no tienen herramientas para incrementar sus incautaciones de drogas sintéticas y por ende disminuir su consumo, que en Colombia ha aumentado. “En los últimos dos años, de 2016 a 2018, el consumo de nuevas drogas es cada vez más frecuentes en los servicios de urgencias, generalmente jóvenes”, afirma la toxicóloga Marie Claire Berrouet.

La lucha contra las redes que distribuyen estas drogas es fuerte, confiesa la mayor Liz Wendy Cuadros. “Una sustancia de este tipo que el martes se ofrece en Alemania, el sábado ya se encuentra en Colombia”.

La esperanza en el corto plazo, agrega Jenny Faguas, es que el camino que debe recorrer la solicitud de inclusión de nuevas sustancias en el tratado de fiscalización de la ONU sea ágil y expedito, para poder contar con las herramientas legales que disminuyan la comercialización y el consumo, que finalmente es el punto más importante para las autoridades.

“Los jóvenes no saben lo que están consumiendo, se exponen a cantidades de riesgos y de incertidumbres, porque esas drogas se elaboran en laboratorios clandestinos, sin prácticas de manufactura, es una producción ilegal”, cierra Faguas.

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