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Mónica De Haro
Yahoo. Vida y estilo

¿Qué tal estás durmiendo estos días? ¿te cuesta conciliar el sueño desde que estamos en pandemia y sin quererlo has ido reduciendo las horas de descanso? Pues ojo porque la duración del sueño en el momento de la vacunación contra infecciones virales puede afectar la respuesta inmune.

Ahora que se acaba de retomar la campaña de vacunación antiCovid tras el parón por la controversia generada por la vacuna de AstraZeneca, los inmunólogos suecos Christian Benedict y Jonathan Cedernaes advierten de que «la eficacia inmediata de algunas vacunas puede ser menor al dormir mal».

«Mientras las vacunas contra la Covid-19 se distribuyen, es muy importante que los pacientes sigan priorizando su sueño para mantener una salud óptima», subraya la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM). «Tener un sueño suficiente y de alta calidad de forma regular fortalece al sistema inmunitario del cuerpo y optimiza la respuesta a la vacuna».

De hecho, existen estudios en los que se ha demostrado que cuando se duerme bien, por lo menos dos días antes de recibir una vacuna contra la influenza, o en este caso, covid-19, podemos generar mejor número de anticuerpos.

Así lo corrobora un artículo publicado en la revista científica The Lancet, y según cuentan los inmunólogos suecos: «se ha demostrado que el sueño nocturno promueve un ambiente de citocinas que respalda las respuestas inmunitarias celulares adaptativas, como la disminución de la actividad de la citocina antiinflamatoria interleucina-10 y el aumento de la actividad de la citocina proinflamatoria interleucina-12».

En este sentido, desde la Asociación Española de Vacunología (AEV) apuntan que «los mecanismos por los que el sueño y el momento del día en el que se recibe la vacuna afectan a la respuesta inmune podrían estar relacionados con la proliferación de los linfocitos T helper, con el aumento del interferón gamma y por el aumento de actividad de la citoquina proinflamatorias IL-12».

Otros estudios previos sobre las vacunas contra la gripe, que sí están estudiadas, sugieren que diez días después de la vacunación contra el virus de la influenza estacional (1996-1997), “los títulos de anticuerpos IgG (los de memoria) en individuos que fueron vacunados después de cuatro noches consecutivas de sueño restringido a 4h fueron menos de la mitad de los medidos en individuos sin tales déficits de sueño”, explican los Benedict y Cedernaes.

En el artículo también se hace referencia a varias publicaciones que han comprobado una disminución de la respuesta inmune en vacunas contra la hepatitis A y la hepatitis B en relación a un déficit de sueño posterior a la vacunación.

Por tanto, “al dormir mal se produce más cortisol, una sustancia que frena a las defensas”, añade el neurólogo Diego García-Borreguero, director del IIS en declaraciones al Newtral. Y es que dormir poco debilita el sistema inmunológico, que es el encargado de defender al cuerpo de las infecciones. Esto ocasiona que las personas sean propensas a enfermarse más y de mayor gravedad, incluso si ya se tuviera una vacuna contra el Covid-19.

«Si se duerme mal, la vacuna tampoco va a tener un gran efecto debido a que no producirá el número de anticuerpos esperados», coincide el doctor Rafael Santana Miranda, especialista en trastornos del sueño de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) quien matiza que «no falla la vacuna, sino el sistema inmunológico».

En este sentido, acostarse tarde, quedarse dormido en el sofá o irse a la cama con la tablet o el móvil dificulta un buen descanso. Y los especialistas en sueño recuerdan que tener un buen sueño también ayuda a prevenir enfermedades crónicas. De lo contrario, aumentan las probabilidades de desarrollar condiciones como hipertensión, diabetes, infartos y obesidad, entre otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Sin embargo, hay más cosas que se pueden hacer para ‘aprovechar’ bien la vacuna, además de dormir bien. Como explica Margarita del Val, inmunóloga del CBMSO-CSIC: «el ejército de nuestras defensas se entrena con infecciones pasadas y vacunas, pero se mantiene alerta gracias a un ejercicio moderado, buena alimentación, poco estrés y que nos dé algo el sol”.

Para lograrlo, las personas deben mantener horarios establecidos para dormir, procurar despertar temprano, ejercitarse en las mañanas, evitar por la noche café, té, refresco de cola y tabaco, entre otras sustancias estimulantes. Y sobre todo, es importante dejar de lado la idea de que dormir es una pérdida de tiempo. Dormir es la posibilidad de restaurar nuestro cuerpo, equilibrar nuestro sistema, recuperarnos de enfermedades, desintoxicar nuestro organismo y aumentar nuestra esperanza de vida

Con este trabajo, por tanto, hay indicios de que el impacto del sueño en relación a la modulación de la eficacia de ciertas vacunas Covid-19 (sobre todo en el caso de la vacuna Covid-19 basada en ARNm producida por Pfizer y BioNTech) es mayor que el de otros factores que se pensaban determinantes como la edad y el sexo biológico.

Por eso, los autores abogan por recabar datos de los patrones de sueño previos y posteriores a la vacunación y del momento de la vacunación, para disponer de una información más concluyente para las agencias de salud pública, sanitarios, pacientes y farmacéuticas al objeto de optimizar la eficacia de las vacunas pandémicas.