Compartir

Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

El país saldrá adelante, no sólo cuando se cobre los impuestos a los ricos, ni se siga atosigando a la clase media con más tributos, sino cuando se haga trabajar a los vagos, se deje de solapar a los pipones y no se alcahuetee a los corruptos. El camino puede durar años, porque este país tendrá servidores públicos, dignatarios y autoridades en general reinventados y honestos, con valores, sólo: cuando los padres enseñemos a nuestros hijos a ser honrados, no con palabras, libros ni conferencias, sino con el ejemplo; cuando entendamos que el bienestar de nuestros hijos no está en el dinero, sino en el amor que les brindemos; y, cuando dejemos de hacerles creer que se asegura el futuro con un gran patrimonio, sin importar del lugar sucio de donde provenga el dinero.

No podemos soñar que el país cambiará simplemente cambiando de autoridades cada período electoral, porque si seguimos bajo el mismo sistema, continuarán: los sobornos en la contratación pública; los compadrazgos y subastas en el ingreso al sector público; los enredos, el servilismo y la lisonja para mantener o mejorar los cargos. El país cambiará cuando tú y yo cambiemos, haciendo valer nuestro esfuerzo, ganándonos un ascenso a pulso en nuestro trabajo y no con esbirrismos ni comprando los cargos; formándonos constantemente, y avanzando más allá de la zona de confort que representa tener un puesto estable; y, entendiendo que la meta es mejorar la sociedad, el colectivo, y que la vía más idónea es desarrollando nuestro mejor desempeño.

Existen muchas formas honestas para salir adelante, y el desarrollarlas individualmente, asegura una sociedad más justa; por eso, es importante también evitar el contagio, contagio al que nos sometemos, cuando escogemos mal el entorno, pues los hijos creen que es normal: rodearse de vividores de la política, aprovechadores de la cosa pública y saqueadores de la contratación sucia. Lo ven tan habitual, que les llega a gustar, a tal punto que lo perfeccionan, teniendo como única meta, incrementar ambiciosamente su patrimonio, al fin y al cabo, es lo que aprendieron en su hogar, crecieron bajo la manipulación y el chantaje, donde llaman inteligente al que más lleva.

La idea para salir adelante, no está en un recetario virtuoso, ni la encontraremos en un catálogo que diagrame el camino a seguir, debemos construirla todos los días: valorando y protegiendo a nuestra gente, más allá

de abultar su riqueza, siendo y enseñándoles a ser justos; ponderando entre lo bueno y lo malo, aprendiendo a discernir para decidir lo correcto, haciendo de nuestros actos un cúmulo de virtudes; y, definiendo finalmente de qué lado estamos, sin olvidarnos que, nuestras boca debe hablar, sólo lo que nuestra vida pueda reflejar. Cabe recordar que, toda crisis, es el inicio de una nueva esperanza, hay un porvenir que debemos iniciar a reconstruir.