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¿Cómo luchamos contra la corrupción?

¿Cómo luchamos contra la corrupción?
abril 16
15:57 2018
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Patricio Valdivieso Espinosa
pavevaldivieso@hotmail.com

La lucha contra la corrupción es el reto que debemos enfrentar las nuevas generaciones políticas; el diagnóstico ya lo sabemos: la corrupción está institucionalizada, su proliferación sigue en boga y abarca todos los niveles de gobierno, convirtiéndose en una lacra tan común que se vuelve invisible a los ojos de los órganos de control, fiscalización y justicia. Si bien es cierto, para no combatirla, desfiguraron a propósito los manuales de vigilancia, debemos comprender que la gente honesta somos más, que de algún modo los intocables deben ser censurados; para ello, se necesita carácter, pero sobre todo un proceder decente de las nuevas autoridades.

Realmente, lo más fácil sería no hacer nada, lo difícil es involucrarse en el cambio urgente que necesitamos, más cuando lo cómodo es pensar que mientras no nos pase a nosotros, no hay para que preocuparse; y esto involucra la impostergable participación de: una ciudadanía moralmente capaz de exigir a sus gobernantes un correcto manejo de lo público; servidores éticos que entiendan que las instituciones les permiten sostener sus hogares y que deben mejorar el trato a los usuarios; y, dignatarios decentes que comprendan que sólo ejercen labores de paso, que no pueden pretender crear feudos, ni convertir a las instituciones en guaridas.

Hay una gran responsabilidad que enfrentar en este cambio generacional impostergable: seguimos con las mismas prácticas y empujamos a la sociedad al abismo, o damos un cambio total y luchamos por salvarla de las garras de la corrupción; sin falsos moralismos, no está por demás recordar que: es un verdadero sacrilegio llevar pan sucio a la casa. Con que calidad moral podremos exigir a nuestros hijos, que no caigan en actos de corrupción, si hemos dejado convertir en un denominador común, frases como: “si las autoridades roban, porque yo no”; “no importa que roben, pero que hagan obra”; y, “ahora el que no roba, es un tonto”.

Talvez la razón nos cegó el camino, pero jamás podremos ocultar el motivo para hacer las cosas diferentes: nuestros hijos. Aun estamos a tiempo de enmendar errores, de entender que, si asalto de cualquier manera las instituciones: llevándome combustible o solapando a la autoridad de turno, alterando facturas, ocultando información o pidiendo coimas, astutamente vamos por el mismo camino de quienes ilegalmente se enriquecen poniendo sobreprecio a las obras.

 

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