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(AFP).- El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, quiere reincorporar su país al acuerdo sobre el programa nuclear iraní antes de entablar rápidamente conversaciones con Teherán, abogando por la diplomacia para rebajar las tensiones bilaterales.

En una entrevista para el diario The New York Times, el demócrata dijo que «va a ser difícil», pero si Irán vuelve a cumplir con el acuerdo nuclear, Estados Unidos se reincorporará al pacto como punto de partida para las negociaciones de seguimiento.

«La mejor forma de logar cierta estabilidad en la región» es encargarse «del programa nuclear» de Teherán, dijo en una entrevista publicada el miércoles, en la que advirtió sobre la amenaza de una carrera por fabricar una bomba atómica en Oriente Medio.

En 2018, el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear firmado en 2015 por su país, China, Rusia, Alemania, Francia, Reino Unido e Irán para impedir que la República Islámica desarrollara armas nucleares.

El mandatario republicano argumentó entonces que el acuerdo era insuficiente para impedir los comportamientos «desestabilizadores» de Teherán y volvió a imponer fuertes sanciones económicas a Irán, para disgusto de sus aliados europeos, que intentan salvar el pacto.

Como consecuencia de la decisión de Trump, Irán dejó de cumplir algunas de las restricciones impuestas a sus actividades nucleares.

Si Washington y Teherán respetan el acuerdo, «en coordinación con nuestros aliados y socios, entablaremos negociaciones y acuerdos de seguimiento para endurecer y prolongar las restricciones nucleares impuestas a Irán y para abordar el programa de misiles» iraní, explicó Biden.

En esas nuevas conversaciones, a las que el futuro presidente desea incorporar a rivales regionales de Irán como Arabia Saudita, se abordarían también las actividades iraníes en Oriente Medio.

  • Un nuevo equilibrio de poder –

La estrategia de Biden implica un levantamiento de las sanciones de Trump, a cambio de un regreso al texto de 2015, negociado cuando él era el vicepresidente de Barack Obama.

La administración actual, que prometió multiplicar las sanciones hasta el final, exhortó al gobierno que dirigirá el país desde el 20 de enero a «aprovechar» su campaña de «máxima presión» contra Irán. La exembajadora estadounidense en la ONU, Nikki Haley, consideró que el futuro presidente cometería un «grave error» si «se echa a los brazos de los ayatolás».

El mismo editorialista de The New York Times con el que habló Biden, Thomas Friedman, advirtió la semana pasada sobre las consecuencias de una simple vuelta atrás en un Oriente Medio que ha cambiado.

«Israel y los aliados árabes del Golfo no querrán que Estados Unidos renuncie a su equilibrio de poder favorable» únicamente para frenar las ambiciones nucleares de Teherán sin usarlo «para lograr de Irán el compromiso de cesar sus exportaciones de esos misiles» de precisión que son, para ellos, una amenaza más inminente, escribió Friedman.

El asesinato del científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh, el 27 de noviembre cerca de Teherán, que la República Islámica atribuye a Israel, fue un recordatorio de los obstáculos con los que se encontrará el líder demócrata.

Al igual que Friedman, Alex Vatanka, del grupo de reflexión estadounidense Middle East Institute, opina que «Biden debe tratar de no dilapidar el equilibrio de fuerzas favorable creado por la campaña de máxima presión» de Trump.

Pero, según él, «nadie en Irán piensa que Biden es un blando»: «todos se esperan a que saque un máximo provecho de la situación», al menos para alejar la amenaza nuclear, que considera prioritaria.

El acuerdo de 2015 «está herido, lastimado, pero sigue aquí» y reavivarlo «no significa sacrificar los demás temas, sólo es una jerarquización de las prioridades», dice por su parte Naysan Rafati, de la organización de prevención de conflictos International Crisis Group.

«El presidente electo y su equipo parecen haber llegado a la conclusión de que reforzar primero las fundaciones de ese acuerdo es una mejor forma de abordar las demás cuestiones que poner todo sobre la mesa al mismo tiempo, con el riesgo de no resolver nada», añade.

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