Política

¡Ay, el colesterol!

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Por: Francisco Febres Cordero
Diario EL UNIVERSO

¡Qué bueno que es el excelentísimo señor presidente de la República! ¡Cómo nos protege! ¡Cómo se preocupa por nuestra salud! Ahora quiere que no nos engordemos y todos seamos dilgaditos y de buena figura.

Pero como él es así, medio intempestivo, no es que nos dice verán, no comerán tal o cual cosa, portaránse educados, no beberán, no fumarán, no dirán malas palabras, no tendrán malos pensamientos, sino que ¡zas!, a correazos nos dice si quieren engordarse, si quieren emborracharse, si quieren fumarse, ¡paguen!

Elé. Es medio educado a la antigua el excelentísimo señor presidente de la República y a nosotros quiere meternos las buenas maneras a reglazos, bajo el precepto de que la letra con sangre dentra. Y, como es furiosísimo, cuando él nos prohíbe algo todos nos ponemos a temblar y decimos ya, ya, juro que nunca más voy a tener malos pensamientos ni voy a decir malas palabras, pero no sia malito, no se cabree.

Ahora le ha dado contra las hamburguesas, ¡a las que les ha cogido un odio! Ya mismo les llama enanas que no me llegan ni a la cintura, gordas horrorosas, carnurientas, estúpidas, caras de estreñidas. Y entonces, para que ni nos acerquemos a ellas, que fueron introducidas en la época de la partidocracia, les va a poner un impuesto para encarecerles la vida. O sea el impuesto nos va a poner a nosotros, pero es contra ellas.

Y es que las hamburguesas están catalogadas como comida chatarra, que engordan pero no alimentan. Más o menos como las sabatinas, pero con pan y mayonesa y salsa de tomate.

Mucho colesterol dizque tienen y el colesterol ha sido malo porque eleva el nivel de colesterol y después uno tiene que irse donde el médico para que le baje el colesterol y eso, según dice el excelentísimo señor presidente de la República, le cuesta mucho al Estado. Por eso él nunca va donde el médico, sino que se va a Cuba para que le operen los excesos de colesterol en las rodillas, y de allí regresa con gota. O mejor con chorro, para que le operen aquí a fin de que él pueda seguir comiendo esos platazos de hornado y fritada que le encantan, o los bolones de verde que no tienen colesterol sino solo chicharrón, y los llapingachos, que no tienen colesterol sino solo harto chorizo y huevos.

¡Cómo no le hemos de agradecer al excelentísimo señor presidente de la República por lo que se preocupa por nuestra salud! Y está bien correspondido, francamente, porque nosotros también nos preocupamos por la de él. Con qué cariño que le decimos, vea excelentísimo, para que usted y su gobierno sean más sanos y no se enfermen más y no le cuesten tanto al Estado, ¿por qué no quita un poquito de corrupción en la dieta diaria de su gobierno? Muy bien le sentaría. El Estado hasta bajaría de peso. Y elimine poquito a poquito a poquito, los contratos a dedo, también. Eso es bueno, en cambio, para los triglicéridos. Y disminuya la publicidad, que está en niveles preocupantes, muy sobre los permitidos en los niveles sanguíneos. Y no insulte, que eso le hace daño porque le sube la mostaza.

Y bueno ya, a cambio, nosotros no comemos hamburguesas. Y así todos vivimos sanos, y hasta podemos anunciar al mundo que all we need is chochos, lechugas y slow food.

 

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