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‘Tengo 100 años y aún estoy vivo’, deben reportar los longevos

‘Tengo 100 años y aún estoy vivo’, deben reportar los longevos
julio 29
16:10 2012
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(Diario EL UNIVERSO).- Tratar con María Rosa Sánchez Zúñiga es como tomar aliento para seguir la marcha por un largo camino. Es absorber su optimismo, su gracia y alegría, su experiencia y, sobre todo, sus ganas de vivir. Y las tiene a sus 102 años.

María Rosa está lúcida. Sin ayuda se sienta y se mece en una hamaca que cuelga en la sala de su casa de caña, ubicada a cien metros de la carretera Vernaza-La Victoria, en el sector Bodeguita del cantón Samborondón, en Guayas. Recuerda con nostalgia la muerte, hace 24 años, de su esposo, Julián Campuzano Cruz, quien había nacido en 1908.

La anciana no sabe leer ni escribir, pero, esforzándose, recuerda que su fecha de nacimiento es el 6 de diciembre de 1910, la que consta en su cédula de ciudadanía. Pero, pese a tener ese documento, ella forma parte del grupo etario al que el Registro Civil del Ecuador ha decidido que su estatus ciudadano sea considerado como “información no verificable”.

El organismo decidió que todas aquellas personas mayores de cien años tienen un plazo de 60 días, desde hace una semana, para acudir al Registro Civil y registrarse; deben ir y decir “estoy vivo”, y comprobarlo con documentos, solicitando así que se mantenga vigente su información antes de que se realice la depuración.

El anciano o una persona autorizada por él deberá entregar al Registro Civil de su localidad una solicitud dirigida al director provincial respectivo. En esa petición deben constar los nombres completos, número de cédula, número de teléfono y la dirección domiciliaria.

De no contar con número de cédula, se deberá incluir en la solicitud el lugar y fecha de nacimiento. Y si dentro del plazo de 60 días no se ha registrado, será dado de baja o declarado como “información no verificable” del Registro Civil. En ese caso, deberá hacer otro trámite para solicitar al organismo que se restituya su información.

María Rosa Sánchez dice desconocer esa decisión. La última de sus doce hijos, Eugenia Campuzano, tampoco entiende, pues señala que su madre es beneficiaria del Bono de Desarrollo Humano y cobra mensualmente los $ 40 de ayuda estatal. Hace cuatro meses llegaron delegados de la Misión Manuela Espejo, de la Vicepresidencia, y luego de la verificación le regalaron una cama, un colchón y un bastón. “Ellos tienen los datos”, dice Eugenia.

Por ahora, la mujer de 102 años se preocupa de seguir su rutina. Se levanta a las 05:30; a las 06:00, luego de descender sola por la escalera de madera, alimenta a sus casi cien pollos, tarea que cumple dos veces más en el día. “Antes me alimentaba de tortuga y de harto pescado; ahora es distinto. Además, sembraba y cosechaba arroz, trabajaba bastante, eso ha de ser que me tiene vieja, o será que eso me hizo vivir más”, señala la mujer, siempre sonriendo.

Seis hijos vivos, 28 nietos y 20 bisnietos es su descendencia. Su nieta María de los Ángeles, de 12 años, es su compañía permanente. Con ella preparan sus alimentos, sobre todo coladas de avena. Y afirma que espera vivir mínimo otros 20 años. Y como ella, hay decenas, cientos de longevos en el país.

Cumpleaños en Ambato
Carmen Amelia Ortiz Vargas nació el 30 de julio de 1912, en Quito, pero desde niña vive en Ambato, donde se casó y procreó seis hijos; cuatro están vivos. Además, tiene 18 nietos, 33 bisnietos y 5 tataranietos.

Algunos de sus parientes que residen en el extranjero estuvieron en Ambato la semana pasada y festejaron el siglo de vida. “No dejó de bailar, ella siempre ha sido bastante alegre, algo que aún lo mantiene”, dice Rosario Villavicencio, la primera hija.

A sus cien años, Carmen Amelia cuenta los diferentes pasajes de su vida e incluso para leer no utiliza lentes. Cree que su estado es por la alimentación sana, con morocho, maíz tostado, máchica, habas, mellocos, huevos runas (de gallo y gallina), aunque en medio de risas refiere que también comía golosinas, como chocolates, caramelos y galletas.

Ha tenido una sola operación, hace un año y tres meses, para hacerle una limpieza de los cálculos en la vesícula. Cada vez repite que antes la gente era más buena, solidaria y sin egoísmos. Recuerda que en el terremoto del 5 de agosto de 1949 ella vivía en una casa con un terreno grande, el que lo cedió para que vecinos instalaran carpas. “Ahora ha cambiado por completo, no hay solidaridad, ni siquiera cuando ven que les están robando”, señala.

Manabita de roble
“Pase, pase, no se quede en la puerta; entre, jovencito, no se quede en la puerta, que parece gallinazo velando la mula muerta”. Así, con una rima tan propia de la zona rural manabita, recibe a sus visitantes Ángela Margarita Cedeño Zambrano. Lo mismo hace con alguno de sus 12 hijos, 58 nietos, 98 bisnietos y 16 tataranietos.

Con lucidez cita a su natal parroquia Canuto de Chone, aunque hace 31 años reside en el barrio San Pedro, cantón Manta, a más de 100 kilómetros de distancia de su pueblo de origen. Hace más de una semana, Ángela celebró sus 100 años (nació el 17 de julio de 1912). Lo hizo junto a su familia, repartiendo a sus invitados los huevos moyos (dulces), alfajores, suspiros y galletas de almidón, cuya receta la aprendió de su madre, y ahora replican sus descendientes.

De no ser por una caída sufrida hace menos de un año, ella aún caminaría y no se dejaría guiar por una silla de ruedas que la empuja alguno de sus 12 hijos, todos ellos con nombres que empiezan con la letra G, sugeridos por su extinto esposo. Su familia dice estar admirada porque ella deba volver a registrarse y se lamenta porque hace meses ya le quitaron la posibilidad del cobro del Bono de Desarrollo Humano.

Genit Zambrano, una de sus hijas, dice que sería un problema el pedido de documentos de su madre por parte del Registro Civil, pues en su natal Canuto el archivo que existía en esa oficina desapareció en un incendio hace más de 15 años.

En la parroquia Santa Rita, de Chone, también en Manabí, reside Dina Thalía Cevallos Pazmiño, nacida el 8 de abril de 1907. A sus 20 años se casó con Bernabé Zambrano Pinargote y procreó 22 hijos. Su descendencia: 85 nietos, 285 bisnietos y 135 tataranietos. Hoy, aunque con problemas de salud, vive al cuidado de dos de sus hijos.

En Loja y Los Ríos
Loja, en especial la parroquia Vilcabamba, es cuna de longevos. Incluso, hay un asociación que agrupa a los mayores. En la capital provincial, el año pasado causó admiración la fiesta por los 80 años de matrimonio de Luis Rodríguez Ruiz y Mercedes de Jesús Sarmiento. Hoy sobrevive solo ella y bordea los 100. Su esposo murió en abril pasado, a los 102 años. Ella aún no sabe que él falleció; sus hijos le dicen que está de viaje.

Mientras, en Babahoyo, Petita Suárez Pavón se apresta a celebrar el próximo viernes sus 109 años. Ya no ve, solo escucha, pero afirma sentirse feliz. Para ella y para cientos de ancianos corre el plazo para inscribirse.

Más datos: La verificación
Plazo
En un periodo de dos meses, desde hace una semana, los mayores de 100 años o sus familias deben acudir al Registro Civil para declarar su existencia. Es necesario que lleven una solicitud, con número de cédula, dirección y otros datos personales.

Listado
El Registro Civil publica en su página web el listado de personas que tienen más de cien años. Ahí constan los nombre de quienes incluso han nacido en 1875. En ese listado hay miles de nombres de longevos, clasificados por sus provincias de origen.

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