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Rodrigo Borja: La vida sin la política

Rodrigo Borja: La vida sin la política
marzo 01
17:23 2015
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(Diario la hora).- Mientras estudiaba Leyes, allá por los años 50, Rodrigo Borja reunió a 27 amigos, aprendieron todo lo que pudieron sobre armas y estuvieron a punto de ir a la mismísima Sierra Maestra para luchar junto al ejército de la Revolución Cubana.

Recuerda que cuando “el delegado” de Fidel Castro les dijo que el viaje se suspendía, se sentaron a llorar. “En ese momento –dice- toda la juventud del mundo era ‘fidelista’ por la lucha contra la dictadura”.

Aunque nunca compartió el pensamiento marxista, de esa etapa queda un recorte de periódico en cuya foto se ve a Borja, junto a sus compañeros, posando frente al monumento de la Plaza Grande. Lo tiene enmarcado y colgado en una de las paredes de su estudio, donde están las fotos y los recortes de momentos importantes de su vida política.

Borja cumplirá 80 años en junio y desde hace 22 su vida transcurre prácticamente frente a una computadora. Su estudio es un lugar amplio: por lo menos 36 metros cuadrados en forma rectangular. Tres de las cuatro paredes están llenas de estanterías de madera bien lacada, brillante. Y las estanterías repletas de libros. 6.000 en total.

El techo del lugar también es de madera, igual de brillante. En el fondo un enorme ventanal permite una vista llena de árboles y montañas. Hay mucha luz. Junto a la ventana, una ‘bola del mundo’ gigante y uno de sus dos escritorios. En medio de todo el lugar, una sala completa donde suele sentarse a leer. Frente a la sala, una televisión plasma y al otro lado una pintura de Borja firmada por Guayasamín.

Sus tías siempre le dijeron que se interesó en la política desde muy pequeño, pero empezó a vivirla desde sus años en el Colegio Americano. En 1953 fue candidato a presidente del Consejo Estudiantil y perdió “por unos pocos votos” frente a Franklin Maiguashca.

Se presentó a seis elecciones presidenciales y ganó dos. La primera fue en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, “que era el epicentro de la política universitaria”. Lideró movilizaciones contra los gobiernos de Velasco Ibarra y Camilo Ponce. A los 27 años fue electo el diputado más joven, por el Partido Liberal, y decidió dejarse crecer el bigote para aparentar mayor edad.

Durante diez años, caminó el país para construir la Izquierda Democrática (ID). Obtuvo pocos votos la primera vez que quiso ser Presidente. La segunda vez, perdió por un estrecho margen frente a León Febres Cordero y finalmente, en 1988, fue posesionado por el Congreso tras vencer a Abdalá Bucaram. Pero en el 2002, luego de quedar por fuera de la segunda vuelta en las elecciones en las que resultó electo Lucio Gutiérrez, decidió que era momento de retirarse.

Desde entonces, ha mantenido un silencio casi absoluto y entre la opinión pública siempre ha rondado la pregunta de cómo son los días de Rodrigo Borja ahora…

Seis meses después de dejar el poder, en febrero de 1993, Borja se sentó en su escritorio y escribió en la computadora la palabra ‘¡abajo!’, así, entre signos de admiración. Luego de eso, durante 22 años, dedicó entre 12 y 14 horas diarias a escribir miles de palabras relacionadas con la política y sus definiciones.

Se dormía a medianoche, se levantaba a las seis de la mañana y unos minutos después ya estaba frente al teclado. Al mediodía interrumpía su trabajo para hacer una hora de ‘caminadora’ y media hora de pesas. Volvía a trabajar, hasta la medianoche. El resto del tiempo lo pasaba entre comer, ver noticieros y leer periódicos.

“En 22 años, nunca fui al cine, ni al teatro, ni a nada. Mi esposa pensaba que estaba loco. Cuando había alguna invitación familiar, siempre decía que no. Ella me preguntaba por qué y yo le respondía: ‘Pierdo cuatro horas de trabajo’”…

En 1998, cinco años después de que escribió la primera palabra, el Fondo de Cultura Económica, con sede en México, publicó los dos tomos de su obra maestra: ‘La enciclopedia de la política’, con 9.800 páginas en total.

Desde ese momento, se dedica todos los días a actualizarla. Al principio para las nuevas ediciones impresas, pero ahora para subir la información a la página web de la Enciclopedia, que es de acceso gratuito.

“En Internet ahora ya hay el doble de lo que está en los libros –cuenta-. Serían cerca de 20.000 páginas. En este momento ya están registradas referencias a lo que sucedió con la revista francesa Charlie Hebdo”.

Nunca reabrió su estudio jurídico, que fue el sustento de su familia hasta antes de ser Presidente. Ha vivido del sueldo vitalicio que todo exmantadatario recibe y escribir esta enciclopedia ha sido, literalmente, ‘su vida sin la política’.

Y no le ha ido mal. Hasta hace ocho años vivía en un departamento, pero ahora comparte con su esposa una amplia y elegante casa de dos pisos en Cumbayá, que compró exclusivamente con las regalías de las ventas de su libro. Según los reportes que tiene, ha tenido altos niveles de venta en España, México, varios países europeos…

“Cuando decidimos que fuera a Internet, me recomendaron que cobrara un dólar por visita, pero yo les dije que me interesaba que fuera gratuita. Luego del primer año, me informaron que la página tuvo más de 550.000 visitas. ¡Hubiera hecho casi 600.000 dólares en un año! Es más, ahora tengo reportes de que hay 200.000 visitas mensuales”.

Borja viste pantalón beige de casimir, camisa blanca, saco de lana verde y zapatos de cuero. En su rostro y sus manos hay algunas arrugas más y su cabeza está más blanca. Camina a paso firme, habla fuerte y recuerda a la perfección cada detalle de su vida.

Desde el año pasado, aclara, ya no trabaja 14 horas diarias en su enciclopedia, “sino solo ocho o nueve”. Pero vive casi todo el tiempo encerrado en su estudio. Solo sale al casco urbano de Quito cuando va a jugar tenis con algunos amigos y cuando tiene alguna invitación social.

El tenis es una de las aficiones que le quedan de su juventud. Llegó a estar en la selección nacional, jugó fútbol en el club Crack, rival del mítico Gladiador; practicó voleibol…

“El box fue otra de mis pasiones. Pero boxear fue la única cosa que mi papá me prohibió. Para pelear, daba los nombres de dos amigos. Unas veces era Carlos Mena y otras Mauricio Moncayo. Hasta que gané un torneo y se publicó mi nombre real. La gente felicitaba a mi papá y él no sabía por qué. Cuando se enteró, me quitó el saludo por dos meses”.

Cuando fue diputado la primera vez, en el país había tres opciones: o se era conservador, o marxista o liberal radical. Borja era liberal, pero, “en honor a la verdad”, ahora confiesa que se sentía incómodo. “Algunos compañeros me decían: ‘tú no eres liberal, eres socialista’. Y creo que tenían razón”.

Años más tarde del frustrado viaje a Cuba, conoció a Fidel Castro en La Habana. En ese entonces todavía le llamaba ‘comandante’. Castro le preguntó si era marxista y Borja le respondió que no, que “el marxismo solo serviría en una sociedad de ángeles, gente sin egoísmo ni prepotencia”.

Él se define como socialista democrático y no le gusta que le digan socialdemócrata. Y explica la diferencia recordando una conversación que tuvo con su amigo Willy Brandt, líder socialdemócrata alemán. “Él me preguntó si el partido que yo estaba formando era socialdemócrata y dije que no. Me preguntó la diferencia y le respondí: ‘Nosotros estamos a la izquierda de ustedes, porque ustedes, después de la Segunda Guerra Mundial, modificaron la organización social y crearon un sistema estupendo. Y sus partidos rivales quieren suprimir esas conquistas. Entonces, ustedes tienen poco que conquistar y mucho que defender; nosotros, en cambio, tenemos mucho que conquistar y poco que defender’”.

Sin embargo, reconoce la principal similitud. “Ambos buscamos la justicia social sin suprimir los Derechos Humanos. La nuestra es una transformación en profundidad, pero dentro del marco de la libertad”.

Por eso le puso el adjetivo ‘Democrática’ al sustantivo ‘Izquierda’, y por eso recorrió durante 10 años el país pintando en las paredes la frase: ‘Justicia social CON LIBERTAD’.

Recuerda que viajaba en su carro y junto a los fundadores del partido hacían cuota para la gasolina. “Como unos éramos abogados, otros ingenieros, otros arquitectos, teníamos que viajar los fines de semana. El viernes al mediodía ya estábamos saliendo. A veces, el viaje de Quito a Loja duraba un día entero, por las paradas. Entrábamos a cada pueblo, hablábamos y les regalábamos banderitas. A veces, al regreso ya veíamos las banderas colgadas en postes y casas. Era una emoción increíble”.

Borja calcula que dio unos 8.000 discursos y solo leyó cuatro. “Los cuatro que leí fueron los informes anuales en el Congreso. Y lo hice porque la Constitución decía textualmente: ‘El Presidente leerá su discurso’ y yo soy muy respetuoso de la Constitución”.

Hace esta aclaración porque es crítico del uso que muchos políticos actuales le dan al ‘teleprompter’. Piensa que este aparato vuelve erudito al tonto y le da facilidad de palabra a quien no la tiene. “El uso del ‘telepromter’ es un engaño. Permite presentar a la luz pública un ser humano que no existe en la realidad. La gente piensa: ‘¡Cuánto sabe este hombre!’ cuando hay alguien detrás escribiéndole los discursos”, dice.

¿Por qué se retiró de la política?

Me retiré por dos razones: Primero, porque si no, la enciclopedia no hubiese sido lo que es. Segundo, porque yo era un gran deudor de mi familia. Durante los 10 años que dediqué a formar la ID nunca pasé un fin de semana en mi casa, luego vino la Presidencia.

Mucha gente dice que su voz le sería muy importante al país en estos momentos.

No es en estos momentos. Yo me retiré hace 13 años. La gente cree que porque vino Correa me retiré. ¡No! En el 2002 hice un acto de masas, cuando ese apellido ni siquiera se conocía. Creo que más sirvo con mi enciclopedia.

¿Qué significa justicia social con libertad?

Respeto irrestricto a todos los Derechos Humanos. En el marxismo había esfuerzos por la justicia social y la equidad económica, pero al precio de suprimir la libertad.

¿Qué piensa de la reelección indefinida?

Lo que puedo decir es que la ID hizo una propuesta de Constitución en la que se establecía una reelección, pero con un periodo interpuesto.

¿Y de que su hermano colabore con el actual Gobierno?

Mi papá nos enseñó que cada uno puede tomar el rumbo que a bien tuviere, el que le dé la gana. De manera que yo no puedo decirle a mi hermano dónde puede estar y dónde no.

Borja dice que cuando el Consejo Nacional Electoral resolvió la eliminación de la ID, sintió como la muerte de una hija y que llamó enseguida a algunos excompañeros para “comentar la desgracia”.

Ahora se muestra contento con la intención de “los jóvenes” de volver a inscribir el partido. Y siempre se refiere al grupo en el que están Andrés Vallejo, Paco Moncayo, Wilma Andrade… Les desea suerte. Dice que su aparición sorpresiva el día en que ellos se reunieron no significa su regreso a la política, pero que apoyará esta causa como un militante más.

A los 24 años, Rodrigo Borja tuvo listo su primer libro. Se llamaba ‘La isla ensangrentada’ y era “un estudio a profundidad del fenómeno del Trujillismo”, aprovechando un viaje a República Dominicana. Un día, le pidió a su papá su camioneta para ir al centro de Quito y pedirle a un mecanógrafo que pasara a limpio sus manuscritos.

Sin embargo, aprovechando que tenía el carro, decidió visitar a una “muchacha muy guapa” a la que él pretendía. Ahí se demoró media hora y al salir se dio cuenta de que por robarle la carpeta de cuero en la que tenía los papeles, habían roto el vidrio de la camioneta y se habían llevado todo su libro que, por cierto, jamás publicó. Pero vinieron muchos más.

Cuando se le pregunta sobre su futuro, responde que seguirá haciendo las dos cosas por las que se retiró. Por una parte, continuará con su enciclopedia, que se ha vuelto su obsesión y se seguirá escribiendo mientras él viva.

Y pagará también la deuda con su familia. Por ahora, disfruta sus 47 años de casado y las permanentes visitas de sus 11 nietos, que llegan a su casa a hacerles compañía y que incluso tienen un cuarto reservado para cuando quieren quedarse a dormir.

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