Blog

 Breaking News

Rancias dosis de naftalina

Rancias dosis de naftalina
marzo 02
20:41 2014
Compartir

sr.oscar2(Por Virginia Hernández.- Diario EL MUNDO).- En los primeros minutos de ‘La gran estafa americana’, Irving Rosenfeld, el personaje interpretado por Christian Bale, se esculpe literalmente el peinado para ocultar una calvicie imposible de esconder. Irving agarra un mechón largo, lo coloca al lado opuesto, lo une a un postizo, lo embadurna de laca y se mira al espejo completamente convencido de acaba de hacer un gran trabajo. Su vida es tan falsa como el peinado, tan desastrosa como el resultado de sus esfuerzos y tan sucia como lo es su aspecto.

Rosenfeld es un estafador de poca monta, cómplice y amante de la bella Sydney (Amy Adams) y esposo de la lunática Rosalyn (Jennifer Lawrence) con el gran problema de verse embarcado por un ambicioso agente del FBI (Bradley Cooper) en un caso de investigación de corrupción generalizada, ocurrido a finales de la década de los 70, que fue bautizado como Abscam y en el que estuvieron envueltos un gran número de políticos, locales y nacionales, con estrechas relaciones con la Mafia.

La película firmada por David O. Russell se inspira levemente en aquellos acontecimientos (lo de levemente lo advierte el director ya en los créditos iniciales) y está llena de peligros, esbirros con el dedo fijo en el gatillo y un ambiente denso que huele a dosis estratosféricas de naftalina, ese aroma rancio que desprende un armario que lleva décadas cerrado con llave.

Russell, como ya hiciera en ‘El lado bueno de las cosas’ o en ‘El luchador’, se apoya en la estupenda interpretación de sus actores. Basta ver las candidaturas a las que aspira el equipo que, por cierto, ha coincidido ya varias veces con el director y en los que éste pensó mientras escribía el guión. En esta ocasión se mete con ellos de lleno en un filme que recuerda el cine más clásico de Scorsese. Es ese ambiente, son ese tipo de personajes, pero los individuos que llenan ‘La gran estafa americana’ están dotados de los desequilibrios emocionales que marcan el último cine del director de ‘Tres reyes’.

Bale se traviste (nunca mejor dicho) en un hombre incapaz de cerrar puertas y convencido de su encanto, a pesar de su desagradable presencia, que se aleja mucho de su atormentado y elegante Batman. Amy Adams deja las princesas de cabellera larga para convertirse en el colmo de lo sexy, de la inteligencia y de los escotes; de luchadora que no tiene lo que se merece ni a quien debería tener. Cooper, el agente Richie DiMaso, en un presumido y aspirante galán con más ínfulas que virtudes; y Lawrence es la supuestamente ingenua y realmente manipuladora mujer, que termina desencadenando los acontecimientos.

La película son ellos y ellos son los que consiguen que la historia no se haga tan larga y lenta como amenaza por momentos. Ellos y la música que acompaña el metraje. Como a la protagonista pelirroja, Duke Ellington y su ‘Jeep’s Blues’ (súmese Bee Gees, Ella Fiztgerald o Paul McCartney y el ‘Live and let die’ de los Wings) también nos salva en varias ocasiones.

About Author

admin

admin

Related Articles

Radio en vivo

TV en vivo – pulse play

Facebook

Multimedia – Audios

Visitas