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Niños nigerianos cuentan los secuestros de Boko Haram

Niños nigerianos cuentan los secuestros de Boko Haram
abril 21
10:38 2016
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REGIÓN DEL EXTREMO NORTE, Camerún.- (ACNUR) – Paul y su hermano pequeño, Adam, se resistieron con todas sus fuerzas cuando varios hombres armados de la secta de Boko Haram irrumpieron en su casa, en un pueblo localizado en el estado de Borno, en Nigeria, y los sacaron a rastras.

“Acabaron por levantarnos y tirarnos dentro de un coche. Nos esposaron y estuvimos así un día”, relata Paul desde el campamento de Minawao, en la Región del Extremo Norte de Camerún, donde ahora es un refugiado con su hermano y su madre. Paul añadió: “Nuestro secuestro ocurrió hace casi tres años pero lo sentimos como si hubiera sido ayer”.

Con los dos niños esposados en el asiento de atrás, el coche condujo hasta el bosque de Sambisa, uno de los bastiones de Boko Haram en la frontera de Camerún. Los secuestradores le exigieron a la familia un rescate de 20 millones de nairas (100.000 dólares) por liberar a Adam y a Paul, que tenían en esa época 12 y 14 años, respetivamente, o sino los matarían.

En el bosque los hermanos, que son cristianos, fueron obligados a convertirse al islam. Paul recuerda que sus secuestradores gritaban: “Os cortaremos el cuello si no os convertís”.

El segundo día de su cautiverio, se obligó a los niños a permanecer de pie frente a una pared de lodo. Los militantes de Boko Haram pusieron las kalashnikovs en sus espaldas y los amenazaron nuevamente con matarlos. Paul recuerda: “Luego nos arrastraron hasta un pozo y pensé que nos iban a arrojar dentro, pero solo querían asustarnos. Al final, nos llevaron de vuelta al árbol bajo el que habíamos estado durmiendo la noche anterior”.

Sin mantas que los calentasen por la noche, con escasa comida con la que alimentarse durante varios días y con las constantes amenazas de muerte, los dos niños pensaban que iban a morir. Paul dijo: “Llorábamos a menudo. Teníamos frío. Pensábamos en cuánto echábamos de menos nuestro hogar y a nuestra madre”.

Les dijeron a los niños que los entrenarían para convertirlos en combatientes: un destino al que, de hecho, escaparon. Aunque no lo sabían, se estaban llevando a cabo negociaciones entre el tío de los niños y uno de los líderes de Boko Haram en el estado de Borno. Finalmente, fueron liberados tras siete días aterradores.

Cientos e incluso miles de niños han sido secuestrados en Nigeria desde 2013, cuando Boko Haram reforzó su sublevación. El espectacular secuestro de 276 niñas en Chibok, en el estado de Borno, en abril de 2014, apareció en todas las portadas del mundo y generó un compromiso social en las redes sin precedentes (ver #BringBackOurGirls). Alrededor de 50 de esas niñas consiguieron escapar en las horas y en los días siguientes al brutal secuestro, aunque nada se sabe del destino de las otras.

Los secuestros de niñas y niños ya ocurrían mucho antes de este caso de gran repercusión y aún se dan regularmente. Los colegios y las residencias de estudiantes son frecuentemente asaltados por hombres armados en la zona norte de Nigeria. A los niños se los secuestra para reclutarlos para las filas de la secta, mientras que las niñas secuestradas se verán expuestas a matrimonios forzados, explotación sexual y abusos.

Algunas familias han escapado a países vecinos más seguros como medida preventiva, aunque también se han denunciado secuestros de niños en Camerún, el Chad y Níger. Desde el año pasado, las niñas también se han utilizado cada vez más para llevar a cabo atentados suicidas.

Caroline Schmidt, Oficial Regional de Educación del ACNUR para la situación de África Occidental y Nigeria, basada en Dakar, comenta: “Ser secuestrado o víctima de la violencia son acontecimientos que ponen en peligro de muerte y que provocan una gran ansiedad y angustia. Tienen un impacto tremendo en el mundo afectivo de cualquier niño”.

En los campamentos de refugiados en África occidental y central, el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, lleva a cabo junto con sus colaboradores actividades de apoyo a los niños y a las niñas víctimas de violencia o abusos o que han sufrido durante su huida o han sido separados de sus familias.

Reciben asistencia especial, incluyendo apoyo psicológico-social y acceso a espacios acogedores para los niños. El ACNUR también forma y da apoyo a profesores para asegurar que los colegios sean espacios seguros y de protección donde puedan recuperar el sentido de la normalidad.

Se espera que un entorno seguro como los que ofrecen los colegios en los campamentos de refugiados y en comunidades de acogida permitan a los niños y a los jóvenes desarrollar perspectivas positivas para el futuro.

Respecto a la inseguridad imperante en su tierra natal, Paul declaró: “Ahora somos refugiados en Camerún y nos sentimos más seguros. Echo de menos mi hogar en Nigeria, mi pueblo y mis amigos, pero aún tengo miedo de volver allí y de encontrarme con los hombres que me secuestraron”. (Colaboró: Helene Caux en la Región del Extremo Norte de Camerún. Gracias a la Voluntaria en Línea Ana Ledesma Claros por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto. ACNUR)

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