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Magdalena de Suecia, la princesa que besó a un hombre rana

Magdalena de Suecia, la princesa que besó a un hombre rana
junio 08
12:20 2013
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Madrid.- (Eduardo Álvarez.- EL MUNDO.es).- Lo tenía todo para que su vida hubiera sido la de una auténtica princesa de cuento. Guapa, rubísima e hija de reyes (pero no la primogénita, con lo que heredaba todos los privilegios y veía enormemente reducidas sus obligaciones). Sin embargo, como los cuentos rara vez se hacen realidad, y además la mayoría están muy pasados de moda, un tropiezo amoroso la acabó convirtiendo en protagonista de un culebrón, que casa mucho más con los tiempos que corren…

Porque aunque Magdalena de Suecia, la tercera hija de los reyes del país nórdico, se casa este sábado, en el que será el enlace real más importante del año, probablemente no respire tranquila hasta que su prometido, el financiero Chris O’Neill pronuncie el ‘sí quiero’ ante el altar.

Y es que a la sexy Magdalena ya le han dado calabazas, aunque parezca mentira, y es probable que se haya vuelto mucho más desconfiada en los buenos oficios de Cupido.

Escandalosa ruptura

En realidad, fue la joven princesa la que tuvo que renunciar al que era el gran amor de su vida: Jonas Bergström, un abogado con el que estuvo saliendo más de seis años. Iniciaron su relación muy jóvenes y todo apuntaba a que juntos también se marchitarían de viejos. De hecho, la Casa Real sueca anunció el compromiso entre ambos, en agosto de 2009.

Magdalena de Suecia estaba feliz porque había logrado que su padre, el no siempre comprensivo rey Gustavo, diera su visto bueno a aquel enlace. Pero cuando las regias invitaciones de boda ya estaban cursadas, nueve meses después, y como quien dice a un palmo del altar, Palacio anunció la ruptura del compromiso. La razón no era otra que la infidelidad del pretendiente a príncipe.

Magdalena de Suecia cayó presa de una profunda depresión. A los cuernos se sumaba el hecho de que perdía al hombre de su vida y a que el escándalo, claro, había sido aireado en la prensa de todo el mundo.

Dicen que ella estaba tan enamorada de Bergström que incluso le hubiera perdonado. Pero ser princesa acarrea sus cargas y a Magdalena le ocurrió lo que a la también princesa Estefanía de Mónaco con su infiel marido Daniel Ducruet: los padres impusieron su real voluntad, obligándoles a ambas a mandar hacer puñetas a sus chicos.

Como la distancia siempre ayuda a curar las heridas, Magdalena de Suecia decidió alejarse de la Corte escandinava y se refugió en Nueva York. Allí ha vivido estos últimos tres años y seguirá viviendo con su futuro marido, un broker de las finanzas al que conoció en la Gran Manzana y del que se enamoró por el método del clavo: uno saca a otro…
La ‘royal’ más sexy

Atrás ha quedado la tristeza de la princesa de la eterna sonrisa. Hoy vuelve a lucir tan atractiva y alegre como siempre. No en vano, y con permiso de Carlota Casiraghi, la única que le puede hacer sombra, Magdalena de Suecia es la princesa más guapa de la realeza europea. Durante años, ha recibido este título no oficial en las encuestas de la prensa del colorín y también muchas veces ha sido elegida como ‘El mejor cuerpo’ de Suecia en los sondeos realizados entre sus compatriotas.

Magdalena Teresa Amelia Josefina Bernadotte, princesa de Suecia y duquesa de Hälsingland y Gästrikland, nació el 10 de junio de 1982 en el Palacio Real de Estocolmo. Hoy ocupa el cuarto lugar en la línea de sucesión al Trono, por detrás de sus hermanos Victoria (la heredera) y Carlos Felipe (el rompecorazones) y de su sobrina, Estelle, de apenas un año.

Bien porque tenga muchas inquietudes culturales, bien porque nada le contentara, se puede decir que estudió un poco de todo y mucho de nada. Así, en su currículum figuran cursos de diseño, de publicidad, de informática y hasta de arquitectura. Tampoco es que le haga falta ser una lumbreras, porque nació, no con una barra, sino con una panadería debajo del brazo.

Habla con fluidez varios idiomas y durante años fue también la princesa casadera a la que todas las Cortes abrían las puertas. Incluso en un momento dado su nombre sonó como posible candidata del Príncipe de Asturias, aunque aquello no pasa de ser un chascarrillo real…

Hoy la princesa, que bien sabe lo que es besar a un sapo, protagoniza con su boda un nuevo capítulo de su vida de cuento/culebrón, confiada en que su príncipe, que no recibirá ningún título tras el enlace, no se convierta en rana.

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