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Latinoamericanos en Pekín: créditos, petróleo y poder político

enero 06
15:30 2015
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(Por. Evan Romero-Castillo.- Deutsche Welle).- Los presidentes de Costa Rica, Ecuador y Venezuela están en Pekín para negociar cooperaciones económicas con China. Lo más probable es que, con el tiempo, el gigante asiático no sólo pida materias primas a cambio.

El primer foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) con China se inaugurará este jueves (8.1.2015) para continuar analizando las posibilidades de intercambio económico transpacífico; pero los presidentes de Costa Rica, Ecuador y Venezuela –los únicos mandatarios latinoamericanos que asistirán a la cita– llegaron a Pekín con varios días de antelación, dejando claro que aunque la meta es la complementariedad interregional, muchos negocios con el gigante asiático se siguen haciendo bilateralmente.

El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, se reunirá con su homólogo chino, Xi Jinping, con miras a transformar sus vínculos diplomáticos en relaciones estratégicas. Costa Rica busca persuadir a China de ampliar una cooperación no reembolsable de más de 500 millones de dólares, de financiar varios proyectos de infraestructura en su territorio y de disipar los obstáculos que han impedido la modernización de la refinadora estatal de petróleo, una instalación en la que Pekín ha invertido más de 1.000 millones de dólares.

Petroestados en aprietos

Petróleo, por cierto, es la palabra clave para entender la urgencia con que los mandatarios de Ecuador y Venezuela visitan a Xi Jinping por estos días. “Apartando las similitudes ideológicas y políticas de sus actuales Gobiernos, Ecuador y Venezuela tienen en común su condición de petroestados y los aprietos en que se hallan debido a la vertiginosa caída de los precios del crudo. A ambos les interesa extender las líneas de crédito que China les ofrece”, dice Víctor Mijares, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA).

“Las cooperaciones sino-ecuatorianas más importantes están en el ámbito de las materias primas fósiles y minerales. La explotación del petróleo, la refinación del crudo y el inminente desarrollo minero son sectores donde la inversión y los créditos chinos están cada vez más presentes. Y el Gobierno ecuatoriano está más abierto a esos recursos económicos debido a sus desencuentros con empresas occidentales y sus necesidades de financiamiento externo”, explica Jonas Wolff, del Instituto para la Investigación de la Paz de Fráncfort (PRIF).

Las expectativas políticas de China

El hecho de que China establezca relaciones de cooperación financiera con países menos prósperos sin imponer condiciones políticas explícitas –reforzamiento de las instituciones democráticas, de la independencia de los poderes públicos, de la transparencia electoral, de la defensa de los derechos humanos y de la “buena gobernanza”– hace temer que los rasgos autoritarios exhibidos por algunos de sus socios se exacerben a falta de inhibidores externos.

“Gobiernos que al negociar con Estados Unidos o la Unión Europea (UE) no se habrían permitido mostrar su cara autocrática, por temor a sanciones o a la interrupción de las cooperaciones, sí lo hacen cuando negocian con China. Ese es un argumento esgrimido con frecuencia que, sin embargo, no aplica para Ecuador, que acaba de firmar un acuerdo comercial con el bloque comunitario. Aunque el estilo de mando del presidente Rafael Correa es tildado de autocrático, su Gobierno es eminentemente democrático”, asegura el especialista del PRIF.

El caso venezolano, ¿una advertencia para América Latina?

No obstante, aclara Wolff, todos los Estados alinean sus cooperaciones diplomáticas con sus intereses políticos y China no es la excepción. De hecho, a juicio de Mijares, la probable evolución de las relaciones sino-venezolanas puede servir de advertencia para el resto de los países latinoamericanos. “Venezuela atraviesa una grave crisis económica. Su presidente, Nicolás Maduro, debería implementar medidas de ajuste macroeconómico y disciplina fiscal; pero todo apunta a que optará por el endeudamiento externo”, señala el politólogo del GIGA.

“Lo más probable es que, con el tiempo, Pekín no sólo pida petróleo a cambio, sino también algo de control sobre la industria petrolera, como garantía; mayor participación en los proyectos de ingeniería civil; contratos como suministrador de tecnología aeroespacial y satelital; acceso al mercado venezolano como proveedor de servicios de telecomunicaciones y de armas de entrenamiento, como los aviones K8; y autorización para movilizar personal chino al territorio venezolano. Y eso puede traer consecuencias grandes”, detalla Mijares.

“Un país como Venezuela, tan dependiente económicamente de China, puede empezar a sentir el tutelaje político de Pekín, particularmente en foros multilaterales como los consejos de las Naciones Unidas. Durante los próximos dos años, Venezuela será miembro tanto del Consejo de Seguridad como del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Y para China será importante contar de antemano con el voto favorable de Venezuela en esos foros cuando surjan debates que afecten sus intereses, fuera y dentro de sus fronteras”, acota el investigador del GIGA.

“China está lejos geográficamente, pero sería un error subestimar su capacidad de influencia política a través de instrumentos financieros”, subraya Mijares.

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