Blog

 Breaking News

¡Happy birthday Puente de Brooklyn! (video)

¡Happy birthday Puente de Brooklyn! (video)
mayo 25
10:03 2013
Compartir

(EL MUNDO.es.- Alfredo Merino).- El 130 aniversario es una efeméride que no merece demasiada atención. La cosa cambia si quien lo celebra es un puente cuya silueta une el imaginario colectivo con la ciudad que materializa sus sueños con la misma fortaleza que sus cables de acero sueldan Brooklyn y Manhattan.

El poder de esta construcción es tal, que ha convertido la anodina cifra en el suceso del año en Nueva York. Desfiles, exposiciones, maratones de lectura, exhibiciones, conciertos, paradas, concentraciones y un variopinto conjunto de manifestaciones ligadas a sus cables de acero y bloques de piedra se celebran estas semanas.

Pocas construcciones de esta ciudad tan rebosante de iconos alcanzan las dimensiones míticas de su puente más importante, una de las tres referencias más citadas de la capital. Instalado en la primera categoría de los símbolos que atesora la Gran Manzana, sólo alcanzan su talla el Empire State Building y la Gran Central Terminal, que el pasado 2 de febrero festejó su primer centenario.

Otros iconos neoyorkinos como la Estatua de la Libertad, Times Square, el edificio Chrysler o Central Park quedan un peldaño por debajo.

Video por PodCast4U
http://youtu.be/F2V9qgqUHDg

En 1883 su rotunda silueta de estilo neogótico se convirtió en el puente colgante más grande del mundo, con 1.825 metros de longitud y un vano de 486 metros de largo y 41 de alto.

Dimensiones que en estos tiempos, donde al menos 23 puentes superan el kilómetro entre sus pilares centrales, parecen poca cosa, pero que entonces resultaron tan impensables que se mantuvo como el más grande durante 20 años y sus inconfundibles torres de arcos apuntados fueron de las construcciones más altas del mundo.

El puente de Brooklyn es el fruto del proyecto de John August Roebling, visionario ingeniero alemán, quien en cierta ocasión en que los hielos retuvieron el transbordador que le llevaba desde su residencia de Brooklyn a Manhattan, tuvo la idea de un puente que evitase el tedioso tránsito marítimo.

A pesar de contar con suficiente experiencia en la construcción de estructuras similares, entre ellas un puente sobre las cercanas cataratas del Niágara, a Roebling le costó llevar a la práctica su idea, pues nadie creyó que fuera posible erigir un puente sobre el East River.
La maldición del puente

La insistencia del inmigrante alemán derrotó las reticencias y en 1869 comenzaron las obras. Se inauguró en 1883, después de 14 años de intensos y dramáticos trabajos, que costaron la vida a 27 personas, entre ellas a su creador, dejando gravemente lesionado a su hijo.

Parecía una extraña maldición, como si la historia quisiera dar la razón a críticos y agoreros. Aún no habían empezado las obras cuando la maniobra desafortunada de un ferry le aplastó a Roebling un pie contra el muelle, mientras realizaba medidiciones en el East River. La amputación de los dedos no evitó la cangrena, pereciendo tres semanas más tarde.

Su hijo Washington asumió el trabajo, implicándose de tal modo en las obras, que contrajo la enfermedad de los buzos mientras trabajaba en la cimentación submarina de los pilares, produciéndole graves secuelas que le dejaron paralítico.

Fue cuando su esposa Emily entró en escena. Asesorada por su marido, quien vigilaba la construcción desde casa con un catalejo, aquella mujer que carecía de conocimientos en la materia pero poseía un coraje colosal, logró transmitir las órdenes a los obreros, culminándose la empresa.

No debe olvidarse la situación de la mujer en aquellos tiempos, como ejemplo basta apuntar que no sería hasta 19 años más tarde de la inauguración del puente, en 1902, cuando Australia se convirtió en el primer país del mundo en aceptar el sufragio universal.
A las dos de la tarde…

Cuentan las crónicas que a las 14 horas en punto del 24 de mayo de 1883, en la solemne inauguración de apertura, aquella heroína cruzó el puente junto al 21 presidente de los Estados Unidos, Chester Alan Arthur, con un gallo entre los brazos como símbolo de la victoria.

Ciento treinta años después, el puente de Brooklyn no ha dejado de ser la principal arteria que comunica el barrio más popular de Nueva York y el Down Town, con un tránsito de 150.000 usuarios al día.

Tranvías (hasta 1940), coches (de caballos primero y eléctricos cuando aquellos se aparcaron) y trenes cruzan por sus seis carriles y vías, mientras que peatones y bicicletas lo hacen por la plataforma superior.

Personalmente, debo señalar que entre mis ocupaciones favoritas del tiempo que viví en Brooklyn, estuvo el coleccionar veces y maneras de recorrer sus 5.989 pies, o lo que es lo mismo 1.825 metros, que de punta a punta mide su familiar pasarela de madera.

La cuenta la perdí enseguida, pero aún recuerdo que lo hice de siete maneras distintas. Simple referente egocéntrico antes que récord alguno. Del mismo modo, los millones de turistas que cada año llegan a Manhattan tienen como una de sus primeras obligaciones recorrerlo.

Por lo habitual van tan distraídos que invaden el carril bici que comparte la plataforma peatonal, lo que origina las más duras imprecaciones de los ciclistas neoyorkinos, especialmente malhumorados y territoriales cuando circulan sobre el Brooklyn Bridge.

El singular anclaje de los cuatro cables de acero que soportan la estructura; la gesta del mecánico Farrington, el primero en cruzar el río en una pérgola colgada de un cable para demostrar que el acero aguantaría sin romperse; el timo de J. Lloyd Haigh, quien suministró un acero para los cables de peor calidad al proyectado; la estampida que produjo el tropezón de una mujer solo seis días después de la inauguración y que causó una docena de muertos por aplastamiento; la tragedia de Robert Emmet Odlum, el primero en saltar al agua en 1885, falleciendo por las heridas internas que le produjo el impacto; los 23.000 kilómetros de cables que llevan 130 años tendidos como una tela de araña soportando el puente y cuarteando el skyline más reconocible del mundo, son hechos de sobra conocidos de la particular historia del que para muchos es el rey de todos los puentes.
Otros puentes con historia

A pesar de que geografía e historia rebosan de puentes que aspiran a este cetro.

Del Sant’Angelo romano al de Rialto sobre el Gran Canal veneciano; del Ponte dei Suspiri, por seguir en Italia, al Vecchio florentino, pronto otra vez de moda por obra y gracia de Dan Brown y del Tower Bridge londinense al George Washintgon de la capital estadounidense, la competencia es dura.

Pero sobre todos ellos el puente de Brooklyn sobrepone su cautivador magnetismo. Sólo otro puente es capaz de disputarle el privilegio: el Golden Gate de San Francisco, aunque éste se construyó 54 años más tarde.

Han pasado 130 años y la inconfundible curva del puente de Brooklyn, serpiente de acero, cemento y piedra tendida sobre el East River, sigue cautivando corazones. Contemplar su silueta desde el Squibb Park al anochecer es caer en un hechizo que nunca encontrará consuelo.

Tras ello, solo queda entretenerse viendo cómo se hacen fotos las parejas de recién casados bajo el puente, a las puertas del River Café, cuyo aire ‘farmer’ recuerda al Brooklyn más primitivo. Antes que entrar en este apreciado restaurante, mejor seguir Cadman Plaza West adelante para ponerse a la cola de Grimmaldi’s Pizzeria.

Sinatra ya no viene por aquí, pero la perspectiva es mucho mejor. Mientras nos llega la vez contemplamos la sólida estructura gótica, Walt Whitman tenía razón: la visión de este puente es la más eficaz medicina para el alma.

About Author

admin

admin

Related Articles

Radio en vivo

TV en vivo – pulse play

Facebook

Multimedia – Audios

Visitas