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El festival de la tiza y la caliza (audio y vídeo)

noviembre 30
10:56 2016
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Por: Pablo Burneo Ramón
Especial para SR RADIO

Recuerdo un cuento de nuestro terruño, donde bajo el puente de los bomberos, un día apareció varada una ballena en el exiguo canal del rio Malacatos. Fue una novedad que hizo conocer de madrugaba el borracho de la ciudad, alarmando a todo el mundo y creyéndose poseído.

Todos los ciudadanos acudieron a ver pasmados por primera vez una ballena y en esa extraña condición. Mientras el obispo y los ricos del pueblo discutían el costo que supondría alimentarla, los comerciantes del mercado central hace rato que la engordaban con toda la existencia de pescados y mariscos que tenían y por pura buena voluntad.

El alcalde, celoso de la fama del animal, disponía su sacrificio para el día siguiente, argumentando un problema de sanidad urbana. Enterados de tal intención, los niños le susurraron su destino a la ballena y lloró tanto de tristeza, que con sus lágrimas hizo crecer el rio y pudo escapar nadando hacia el mar. Desapareció en el horizonte dejando entre los lojanos su tristeza e impresión imperecedera.

Entrevista a Pablo Burneo en el noticiero Prensa Radial de SR RADIO

El festival de la tiza y la caliza, promovido por el gobierno central a un costo elevadísimo, permitió a los ciudadanos disfrutar de un espectáculo del que pudieron participar muchos, en especial de ese lienzo social que fueron las calles de la ciudad. Pero comprar una tiza y pintarrajear el piso, para disfrutar ser artista por un día, no justificaba el hecho de olvidar de forma intencional, que podíamos haber esperado más de esos millones de dólares gastados y justificados a nombre de la cultura.

Tener un teatro caro no hace cultural a una ciudad, pero una ciudad es culta cuando demanda un teatro por la necesidad de ese espacio. La sociedad del snobismo no castiga con su crítica la inversión en cultura, así se trate únicamente de obras de infraestructura y una casi nula gestión de recursos para promover la sostenibilidad de escenarios caros. Antes que construir un teatro, merecíamos una escuela de arte, diverso de disciplinas y con una infraestructura funcional.

Sumemos los millones: casi 4 en el teatro inacabado y cerrando uno más, por su demolición y readecuación de bases; casi 21 en el teatro nuevo, más un millón trescientos mil en el financiamiento del festival para su inauguración y con visita presidencial; además del tiempo y los recursos del gobierno seccional y las delegaciones ministeriales en la gestión de su realización con los funcionarios públicos implicados, representan casi treinta millones, que resultan en un escenario con una tasa de retorno efectiva difícil de recuperar por el monto de la inversión.

Comprar una tiza en 35 centavos de dólar y dejar su garabato en las calles de Loja, es accesible para la gran mayoría, pero pagar 80 dólares por persona para el plan de eventos de una semana de festival, es casi exclusivo de una élite social. Los mejores exponentes del teatro internacional merecían un público mayor, sin restricciones económicas, como cualquier menesteroso que vio varada a la ballena del cuento anterior y admirarla desde la vera del río. Se podía llenar un coliseo a un costo más accesible, para disfrutar de los espectáculos reservados con un mayor público que el de los teatros.

Para el artista teatral, los llantos, las risas y el aplauso del público no distinguen edad, condición social, ni situación económica, pero siempre son bien recibidos por que representan el éxito del esfuerzo personal, por lograr empatía con su capacidad histriónica en la interpretación de un papel. Podíamos con ayuda de la televisión, disfrutar en nuestros hogares y en pantallas gigantes en las plazas, la proyección de las obras teatrales, los conciertos y demás eventos, donde la capacidad de participación era limitada por el aforo, pero a nadie se le ocurrió.

Hay otras alternativas a futuro, desarrollar proyectos como el Trueque por el Arte, promover el cine club social y empatarlo con la academia, crear el fondo de inversión cultural para una escuela de actores y escritores, concesionar a la casa de la Cultura la administración de los escenarios públicos cerrados y ser manejados estos por un colectivo de artistas, en lugar de políticos en funciones. La ética debe primar en la cultura y la administración cultural, para no ser el arte una herramienta política sino un instrumento de desarrollo social.

La demagogia sobre el arte no pertenece al autor de esta reflexión pero si a los promotores de lo imposible. A los que prometieron más de cien mil visitantes y no lograron ni llenar las carpas del parque, se llenaron las calles con residentes entusiasmados y golondrinas de hippies, como faltaron los desnudos de verdad en las exposiciones de cuerpos pintados. Si ya tenemos las herramientas físicas para ser una potencia cultural, empecemos por quitarle al teatro Benjamín Carrión frases que se le atribuyen y que suyas no son, solo por ética.

Se acabó el festival de la tiza y la caliza, esperemos que esta semana no regrese el garrote, la persecución, el secuestro de bienes y la paliza a las calles, donde adultos y niños, tiza en mano, pintaron ilusiones y esperanza que perdurarán en la memoria de miles de los lojanos.

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