Internacional

El barrio de Itaquera lucha contra el estigma a la sombra del Arena Corinthians

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sr.corintiasbrasil(AFP).- “¿Ves todo esto?”, dice el padre Rosalvino Morán mientras señala al flamante estadio Arena Corinthians de Sao Paulo y el barrio obrero que lo ha visto crecer en los últimos tres años.

“Todo esto era campo, riachuelos y favelas cuando yo llegué, en 1981. Itaquera ha evolucionado mucho, la Copa ha traído grandes avances, pero queda mucho trabajo por hacer”, afirma.

Tras los muros del estadio, también conocido como Itaquerao, nacido como emblema del este de Sao Paulo, se alza este barrio, donde viven unos 500.000 habitantes de los 20 millones que pueblan el área metropolitana de esta ciudad, una de las mayores del mundo.

A tres días de que sus ídolos y 12 jefes de Estado atraviesen su barrio para asistir a la inauguración del Mundial, los vecinos luchan por quitarse de encima la etiqueta despectiva de ‘periferia’.

Itaquera está lejos del centro económico, alrededor de una hora en metro, pero ya no es el barrio de hace un par de décadas, cuando el crack circulaba por las calles empinadas de un lugar que en guaraní quiere decir ‘piedra dura’.

“Itaquera ha evolucionado muchísimo, ahora es un barrio de clase media. No hay más que ver cómo han subido los alquileres”, dice en su quiosco Marcelo Pangardi, quien lleva más de 20 años trabajando en el barrio. “La Copa ha traído muchas cosas buenas a la zona. Con lo que no estoy de acuerdo es con la forma en la que se ha gestionado”, opina, al tiempo que se queja de las restricciones de la FIFA, que según él, cierra las calles del barrio ocho horas antes de los partidos.

– Zona ‘lost’ –

Al tomar el autobús en la moderna parada de metro Corinthians-Itaquera hacia el centro del barrio, uno se adentra en la zona conocida como ‘Lost’, un juego de palabras con la pronunciación en portugués de ‘leste’ [‘este’].

El ritmo en el centro de Itaquera, donde están la mayoría de comercios, es animado al mediodía. Casas de baja altura predominan entre edificios altos. Tras empinadas cuestas, aparece una zona mucho más humilde.

Ahí vive desde hace casi 30 años María Sinaide Gonçalves, en un grupo de casas que construyeron con sus manos mujeres militantes de izquierda en unos terrenos cedidos por la alcaldía. “Cuando la Copa era en otros países, toda la calle estaba decorada y ahora no”, se enfada María Sinaide, sentada en el patio de su humilde casa.

Esta jubilada, de 56 años, es la presidenta de la Asociación de Amigos y Vecinos de Itaquera IV, una de las partes más deprimidas del barrio. “Entre los vecinos las opiniones por la Copa están divididas, pero yo creo que sólo nos ha traído cosas buenas. La zona se ha valorizado y se han creado puestos de trabajo”, opina.

“Los ‘gringos’ van a traer dinero, pero la gente no se da cuenta de eso”, dice por su parte la profesora Marcia Oliveira da Silva, apoyada en la reja de la casa de María. Ambas se quejan de que lo que le falta al barrio no son más centros de salud o escuelas, sino equipamiento.

– ¿Por qué no dan más? –

Si no fuera por su camiseta de la Virgen de Aparecida y por su bata blanca, podría pensarse que el padre Rosalvino es un ejecutivo de la avenida Paulista.

Corre de un lado a otro, agita los brazos y su teléfono móvil no para de sonar. Parece estar siempre solucionando algún problema.

Nacido hace 73 años en un pueblo del noroeste de España, Rosalvino Morán Viñayo llegó a Brasil cuando tenía 10 años, huyendo de la posguerra española junto a su padre y sus siete hermanos.

Tras ordenarse cura salesiano, ahora coordina 16 centros de formación y dos ‘abrigos’ para niños de la Obra Social Don Bosco en Itaquera. El más grande está justo enfrente del Arena Corinthians y constituye un balcón privilegiado donde diariamente comen y se forman más de 1.700 niños en situación social vulnerable.

“Siempre he dicho que el estadio ha sido muy positivo para el barrio, pero creo que la Copa debería haberse celebrado unos años más tarde, para que el país hubiera solucionado antes otros problemas más graves”, afirma.

La inminente llegada del Mundial a Itaquera se siente en las paredes del campo de fútbol del centro salesiano, recién pintadas de rojo por una conocida marca de bebidas, así como la entrada, que está siendo decorada por una cadena de centros comerciales.

La obra social también ha cerrado un acuerdo con una importante televisión local, que alquilará parte del exterior para hacer sus conexiones en directo, aprovechando las privilegiadas vistas al estadio.

El padre Rosalvino todavía no sabe si estará el jueves dentro del Arena Corinthians, donde uno de los niños del barrio llevará la bandera de Brasil en la ceremonia inaugural. Lo que sí que tiene clarísimo es lo que hará si va: “pienso preguntarle tanto a la gente de la FIFA como a los patrocinadores, que ya que tienen tanto dinero, por qué no nos han dado más para la gente del barrio. Ellos se irán el 13 de julio, pero nosotros nos quedamos”.

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