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Correa en apuros

Correa en apuros
marzo 10
16:09 2015
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Nueva York.- (Por. MARIO SZICHMAN).- Los perros empiezan a alzar la pata, cuando ven acercarse al presidente de Ecuador. Derrumbe en los precios del crudo obliga al gobierno de Quito a adoptar medidas de austeridad. Pese a sus desplantes de que nada ocurrirá en su país, el jefe de estado ecuatoriano sabe que ha llegado la época de las vacas flacas

El pasado viernes 7 de marzo, el gobierno de Ecuador anunció que impondrá tarifas de entre un cinco y un 45 por ciento para 2.800 productos, con el propósito de enfrentar el derrumbe en los precios del petróleo, y apuntalar el dólar, que es la moneda oficial impuesta por el líder antimperialista.

De acuerdo a The Wall Street Journal, los ingresos de Ecuador por sus exportaciones de petróleo cayeron un 44 por ciento durante enero. Por otra parte, en el curso de 2014, el país registró un déficit de 727 millones de dólares en su balanza comercial.

El ministro de Comercio Exterior, Diego Aulestia, dijo que las nuevas tarifas, que afectarán a un 32 por ciento de las importaciones ecuatorianas, se prolongarán durante 15 meses. Seguramente serán canceladas para que en el 2017 Correa pueda aspirar a su tercera reelección.

Todo gobierno pone dinero fresco en la calle algunos meses antes de convocar a comicios, con el propósito de que el pueblo se sienta contento y vote por los candidatos de las agrupaciones políticas emplazadas en el poder.

Eso ya ocurrió en Venezuela en octubre de 2012, cuando Hugo Chávez Frías fue reelecto. El país nadaba en dinero, gracias a generosos estímulos económicos y a un desperdicio de los recursos nunca antes vistos en el país del eterno derroche.

Ahora dos años y medio después, los venezolanos descubren que el barril sin fondo de la economía bolivariana tocó fondo.

Por cierto, el gobierno del presidente Nicolás Maduro tiene una explicación para ese desbarajuste: el imperialismo y los partidos opositores han declarado una guerra económica imposible de ganar.

TIEMPOS DIFÍCILES

La imposición de aranceles a productos provenientes del exterior repercutirá directamente en los bolsillos de los ecuatorianos. Ya a comienzos de enero, el gobierno de Quito impuso tarifas de salvaguardia por 21 por ciento y siete por ciento a Colombia y Perú respectivamente.

En ambos casos, debido a la depreciación del peso colombiano y del sol peruano con respecto al dólar. Las medidas fueron levantadas el 27 de febrero, luego de negociaciones con los gobiernos de Bogotá y Lima.

Uno de los bastiones de la popularidad de Correa era el gasto en el sector público, estimado en 7.000 millones de dólares anuales. Economistas ecuatorianos dudan que se pueda mantener ese volumen de egresos tras el colapso de los precios del crudo.

Sin excesiva fanfarria, el gobierno ha comenzado a reducir sus gastos. En enero anunció recortes por 1.400 millones de dólares para el presente año fiscal. También canceló sus planes para acrecentar en un cinco por ciento los magros salarios de los empleados públicos. Varios economistas dijeron que habrá ulteriores reducciones presupuestarias.

Por otra parte, el gobierno ecuatoriano empieza a endeudarse de manera progresiva. En junio de 2014, Ecuador lanzó una emisión de bonos por 2.000 millones de dólares, la primera desde el 2008, cuando incurrió en un default de 3.200 millones de dólares.

Según la empresa Analytica Investments, de Quito, el gobierno de Correa pidió prestados a China 9.000 millones de dólares, en canje por petróleo. De esa cifra, faltan por repagar 3.000 millones de dólares.

DECISIONES NO SE TOMAN EN QUITO

Una de las reglas más antiguas del comercio exterior es que un país aumenta sus exportaciones cuando baja la cotización de su moneda local. El gobierno de Ecuador está encorsetado por una moneda fuerte que no le pertenece: el dólar. Por lo tanto, los vaivenes de su economía confrontan el lastre adicional de que la Reserva Federal de Estados Unidos adopta la decisión final.

En la década del noventa del siglo pasado, el gobierno del presidente argentino Carlos Saúl Menem decidió dolarizar la economía, para acabar con la hiperinflación. Pero en lugar de adoptar el dólar como moneda temporal, hasta resolver severos desequilibrios económicos, Menem y su reemplazante, Fernando de la Rúa, mantuvieron el dólar como divisa oficial, hasta que colapsó la economía a comienzos de este siglo.

El gobierno de Buenos Aires anunció un default de su deuda soberana por una cifra cercana a los 93.000 millones de dólares, la mayor de su historia.

Aunque populista con el corazón, Correa es un derechista en materia fiscal. Ya desde el 2012 su gobierno restringió las importaciones, especialmente suntuarias, además de ordenar aranceles más altos a numerosos productos, con el propósito de reducir el déficit en la balanza comercial.

A fines de febrero, Correa dijo que se habían adoptado “todas las medidas necesarias” para frenar el impacto en la caída de los precios del crudo, y para lidiar con un dólar fuerte. “Una buena política económica”, dijo Correa, “es hacer que el país resulte menos vulnerable a factores externos”.

Por supuesto, sus afirmaciones no tienen ni pies de cabeza. La caída en la cotización del petróleo es resultado de factores externos. En enero de 2014, el barril de crudo ecuatoriano tenía un precio de 91 dólares.

En enero de 2015, había descendido a unos 40 dólares. El exceso de producción por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, la decisión de Arabia Saudí de seguir acrecentando su cuota en el mercado de Estados Unidos, y el aumento en la extracción de petróleo de esquisto en Dakota del Norte y en Alberta, Canadá, contribuyeron a la depreciación del producto.

El sector petrolero genera una cuarta parte de los ingresos totales del gobierno de Quito, y casi la mitad de las exportaciones.

The Wall Street Journal recordó que la administración de Correa había pronosticado un crecimiento de un cuatro por ciento durante el 2015. Pero los cálculos se basaban en un crudo a 80 dólares el barril, el doble de su precio actual. En cuanto al dólar fuerte, es otro factor trascendental que se halla al margen del gobierno de Quito.

Correa libra una carrera contra el reloj. El 2017, cuando espera ser reelecto, queda bastante lejos. El presidente puede agitar el estandarte de su soberanía hasta cansarse, pero excepto por las medidas de austeridad que está adoptando, todo lo que ocurre en la economía se decide fuera de Ecuador. (@mszichman. http://marioszichman.blogspot.com/)

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