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Ballotage en Ecuador: Rafael Correa se juega su última carta en su “Batalla de Stalingrado”

Ballotage en Ecuador: Rafael Correa se juega su última carta en su “Batalla de Stalingrado”
Febrero 26
13:00 2017
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(Por. Mercedes Alvaro.- Infobae).- Hasta el próximo 2 de Abril en que los ecuatorianos irán a las urnas para decidir si el oficialista Lenín Moreno o el derechista Guillermo Lasso reemplazan al presidente Rafael Correa, vivirán una verdadera batalla, en un país políticamente partido en dos, en el que la demagogia será la principal arma de los dos contendores, antes que sus propuestas, y en la que la campaña sucia no estará ausente.

Estrategas y consultores políticos tampoco dudan de que el miedo sea otra arma de campaña e, incluso, en determinado momento pase a ser el jefe de una campaña que comenzó gestarse el miércoles, cuando tras un lento escrutinio el Consejo Nacional Electoral confirmó que el candidato oficialista quedaba a poco más de medio punto de distancia del 40% que le permitía ganar en primera vuelta.

En el próximo mes, el candidato oficialista tratará de posicionar el mensaje de que el modelo de Lasso incluye un duro ajuste económico y que él fue parte -aunque solo fueron 37 días- de un gobierno que decretó un feriado bancario que afectó a los ecuatorianos; por el lado de Lasso se insistirá en que el “Modelo Correa” puede llevar a Ecuador, en corto plazo, por el mismo camino de Venezuela.

La campaña ya empezó. El jueves, la denominada red de maestros -creada por el gobierno para dividir a la poderosa Unión Nacional de Educadores (UNE), que luego fue disuelta por el Gobierno de Correa- realizó en Quito una marcha para situarse al frente del Banco de Guayaquil, del cual es accionista Lasso, y en la que las consignas principales eran el grito “Quito te quiero, no apoyes al chulquero” y “los chulqueros no volverán”.

En la nueva batalla electoral, el candidato oficial parte con la ventaja del aparato estatal a su favor -incluido un importante conglomerado de medios de comunicación incautados en el pasado por Correa– y el propio peso del liderazgo del presidente en algunos sectores sociales.

El candidato opositor, en cambio, parte con la fortaleza del aparente divorcio entre Moreno y su candidato vicepresidencial, Jorge Glass, a quien se lo ha vinculado con dos sonados casos de corrupción, en la estatal Petroecuador y en el escándalo de Odebrecht. De hecho a Glas se lo vio muy poco en la campaña para la primera vuelta electoral.

“Parece un matrimonio por conveniencia pues Glas no termina de ser su pareja de campaña y es cada vez más evidente la tensión que genera en diversos sectores, en buena medida por el tema de corrupción. Sin embargo, a pesar de que no aparecen juntos nunca y no hay declaraciones de Glas, a Moreno le será difícil desligarse de su compañero de binomio”, sostiene Santiago Basabe, profesor de la maestría en Política Comparada de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecuador.

Una pista de que habrá utilización del aparato estatal en la campaña de Moreno la dio el presidente Rafael Correa cuando al ser interrogado sobre cuál será su papel en la campaña de Moreno dijo que su contribución será el legado que deja de estos 10 años: “Mi contribución sobre todo en la segunda (vuelta electoral) es que hay legado, los 10 años de Gobierno de la Revolución Ciudadana y hay que seguir construyendo ese legado, esa es mi mayor contribución para la victoria del 2 de Abril.”

Desde el año pasado ya se vio al Estado candidato con todo su poder, aunque con más fuerza el mes previo a las elecciones, es decir en plena campaña electoral: Correa inauguraba obras por doquier; hablaba de los logros de su gobierno en cada población que visitaba con su gabinete itinerante o con los informes semanales de labores –también itinerantes-; reforzaba o hacía promesas y criticaba a los candidatos de oposición a través de cada rueda de prensa en provincias y en poblaciones pequeñas, utilizaba su cuenta de twitter para atacar candidatos o promocionar obras; y sus ministros hacían lo propio, y en territorio llovían los ofrecimientos o la entrega de obras, sobre todo en las áreas de salud, bienestar social y agricultura. La Asamblea también jugó su parte con la aprobación de leyes.

Varias personas que habían sido excluidas del bono de la pobreza y con las que se tenía deudas recibieron $600 por cada beneficiario; funcionarios públicos impagos cobraron sus sueldos, hubo renovación de contratos para ciertos servidores públicos, se equiparon centros de salud a último momento, se inauguraron escuelas; en espacios claves se entregaron kits agrícolas, se aprobó una Ley para condonar intereses a morosos del ex Banco Nacional de Fomento; se definieron límites territoriales en disputa desde hace muchos años en poblaciones pequeñas de provincias importantes.

“La lista es larga. El Estado candidato entró a jugar de lleno en el partido y jugó un papel clave”, dice el consultor político Gustavo Isch. “Muchos de los beneficiarios del Estado candidato dieron su voto por Moreno porque el Gobierno hizo una campaña inteligente con todos los recursos de los que dispone”.

La importancia de la nueva batalla que ya empezó fue retratada por el mismo Correa cuando el pasado miércoles ante corresponsales de prensa extranjera acreditados en Ecuador comparó a la segunda vuelta electoral con la batalla de Stalingrado –un momento decisivo en la historia mundial, que entre agosto de 1942 y febrero del 1943 marcó uno de los hitos más importantes de la Segunda Guerra Mundial y la suerte de Adolf Hitler-. Y si bien no hay proporción en la comparación, para Correa el triunfo de Moreno en la segunda vuelta es vital y de sobrevivencia, no solo que se juega su proyecto y su propio futuro político sino también la esperanza que tienen él y los gobiernos izquierdistas y populistas de la región de recibir un impulso que les permita eludir o, al menos retrasar, la caída del denominado Socialismo del Siglo XXI.

Correa no se ha cansado de repetir que el mejor escenario que puede enfrentar electoralmente su movimiento Alianza País es justamente Guillermo Lasso, “el candidato más débil”, y al que “será más fácil derrotar”. Pero el paso de Lasso a la segunda vuelta electoral, en una pelea voto a voto en la que el candidato oficial no alcanzó los suficientes para eludir el balotaje y que incluso sacó a los ecuatorianos a las calles para pedir respeto por los resultados y la concreción de la segunda vuelta, demuestran que el criterio de Correa es más un deseo que una realidad.

Sin embargo, pese a que las cifras demostraron que el 60% de electores no apoyó al candidato oficial, solo un 30% de votantes apoyó a Lasso, por lo tanto la batalla de los dos candidatos será conservar el voto que tuvieron en la primera vuelta electoral y captar para la segunda vuelta la mayor parte de quienes no votaron por ninguno de los dos.

Para Moreno conseguir esos votos implicará, entre otras cosas, la negociación de la derogatoria de leyes que para Alianza País fueron fundamentales en esta década, entre ellas el denominado decreto 16, que según los críticos del gobierno criminalizó la protesta social y propicio del cierre de organizaciones tradicionales y poderosas como la UNE, y la Ley de Comunicación que limita seriamente la labor de los medios independientes.

“No estoy seguro hasta qué punto Moreno está dispuesto a jugarse la derogatoria de esas leyes, a democratizar y recuperar la institucionalidad que Alianza País atropelló en esta década a vista de todo el mundo”, enfatiza Isch.

Para Basabe, en cambio, “la definición de la agenda y los temas que se pueden discutir y los que no son definidos por el Presidente Correa, lo cual deja poco espacio a Moreno para presentar algo innovador en su plataforma electoral y menos espacio aún para negociar”.

El candidato oficial también tendrá que convencer a los electores que en caso de ganar la Presidencia se alejará de la influencia de Correa y que será él quien gobernará y no Correa a través del vicepresidente Glas.

Moreno, al ser el candidato del oficialismo, tendrá que tratar de venderse como un candidato de estilo moderado, con un liderazgo nuevo, distinto, lo cual no le será tan fácil. “Moreno es un líder a la sombra de Correa y eso finalmente puede terminar perjudicándolo como ya sucedió con el alcalde oficialista Augusto Barrera, que en el 2014 perdió la reelección en gran parte por la intromisión de Correa en su campaña”, dice el analista político Gabriel Hidalgo.

El propio Correa ratificó recientemente ese criterio él al afirmar que “Lenin Moreno es un líder que polariza menos; otro liderazgo de la misma fruta”.

Del lado de Lasso jugará un papel determinante cómo se negocien los acuerdos en la Asamblea con las organizaciones de base a las cuales el candidato tiene que llegar y muchas de las cuales -como los indígenas y movimientos sociales que apoyaron en la primera vuelta al ex héroe de guerra Paco Moncayo – se oponen por convicción a las políticas de derecha, pero que también han sido maltratadas o golpeadas, en alguna forma, por el Correísmo.

Lasso también tendrá que enfrentar la campaña negativa contra su pasado como banquero.

“Los dos binomios tienen imagen negativa muy alta. Una segunda vuelta con ninguno de los dos es sencilla porque los votos no son endosables, pero el gobierno aún tiene una capacidad de maniobra excelente.”, asegura Isch.

Sin embargo es también previsible que tanto Lasso como Moreno moderen sus campañas frente al elector y traten de conectar directamente con éste.

Según Hidalgo, Lasso apelará al electorado que se desencantó con el Correísmo y a un elector de clase media informada que buscará un cambio y transparencia en la administración pública, enfatizando en cambio, trabajo y libertad porque entre las principales preocupaciones del grueso del electorado está la precarización permanente de las condiciones de vida y la necesidad de trabajo.

Moreno, mientras tanto, se dirigirá al elector que ve con buenos ojos al gobierno de Correa y quiere incorporarse en la sociedad que se ha insertado en la estabilidad salarial y en un Estado de beneficencia.

“Este es el segundo tiempo del mismo partido, pero son dos tiempos diferentes y ambos van a tener que darse cuenta que deberán ser más moderados pues radicalizar sus posturas los alejará de un electorado más grande”, dice Hidalgo.

Para conseguir el electorado que está en disputa Lasso va a tener que hablar en los términos del electorado que apoyaba, por ejemplo a Moncayo, es decir sobre protección a sindicatos, un discurso con menos corte empresarial. Moreno tendrá que acercarse al electorado que apoyaba a la candidata Cynthia Viteri.

Basabe, sin embargo cree que un buen porcentaje de los votos que logró la candidata Chyntia Viteri puede ir a Lasso porque ideológicamente los dos son muy similares, y que también los votos del ex candidato Abdalá Bucaram pueden ir para Lasso, restringiendo a Moreno las posibilidades de captar nuevos electores a los votos que obtuvo Iván Espinel, considerado un candidato impuesto por el gobierno para restar votos a Lasso y Viteri.

Mientras los asesores políticos de cada grupo afinan cada día estrategias y están atentos a lo que haga y diga el contrario para tener la respuesta perfecta, el analista político Carlos Onofre destaca Lo que va a jugar para atraer al elector a cualquiera de los dos bandos va a ser “el manejo de las promesas populistas. El que mejor mienta va a ser quien gane el favor popular”, en una elección que parece tendrá un desenlace muy similar a lo que pasó en Argentina con Mauricio Macri versus Daniel Scioli en 2015, es decir altamente disputada entre los dos candidatos.

Así las cosas, hasta el momento, lo que está claro con miras al 2 de Abril, en lo que Correa ha calificado como la “Batalla de Stalingrado”, es que cada cada voto es valioso, que cada centésima tendrá importancia al momento de contar los votos y que, según afirma Santiago Basabe, puede quedar en evidencia que “el tipo de liderazgo que creó Correa no fue de lealtades sino de temores”.

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