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“50 sombras de Grey”, una estafa estética y una apología a la violencia contra la mujer (audio)

“50 sombras de Grey”, una estafa estética y una apología a la violencia contra la mujer (audio)
febrero 19
12:50 2015
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Rubén Darío Buitrón
Periodista y escritor
www.rubendariobuitron.com

Janeth, digamos que se llama así, vende las entradas y pregunta qué puestos desean en las butacas de la sala.

“No”, dice cuando le pregunto si ella algún rato se dará un salto desde su counter hasta una de las salas para ver 50 sombras de Grey, basada en la exitosa primera novela de la serie de tres escrita por la novelista L. E. James.

Ese “no” suena a miedo, a rechazo ver pornografía, al pecado que significaría observar a una pareja haciendo, en el caso de esta película, ridículas acrobacias sexuales disfrazadas de erotismo.

Es su derecho. No tiene por qué hacerlo si no lo desea.

Opinión del Periodista y escritor Rubén Darío Buitrón en el noticiero PRENSA RADIAL de SRRADIO

Y cuando abandono la sala de cine media hora antes de que termine la película y salgo en busca de la puerta principal vuelvo a mirar a Janeth, digamos que se llama así, y me acerco y le digo sí, tuvo razón, la película es tan mala que no tiene sentido perder tiempo y dinero en ella.

Y no porque sea diabólica ni pornográfica, como leo que la califican los curuchupas de todas partes, no porque las escenas de sexo sean fuertes o porque hay cosas que Janeth, digamos que se llama así, quizás no debería ver para no envenenarse el alma y pervertirse sexualmente. No.

50 sombras de Grey merecería el Antióscar, como opina Pablo Burneo en su cuenta @PabloXBurneo.

Sí, el Antióscar en todas las categorías: la peor película, el peor director, el peor guión, el peor casting, las peores actuaciones de los protagonistas, la peor fotografía, el peor (no, el inexistente) erotismo y, lo más grave, la peor apología de la violencia sexual contra la mujer.

Y mientras vamos de regreso a casa comento con Gabriela, mi mujer, que alguna institución privada o del Estado debería advertirnos (no censurarnos ni prohibirnos, sino advertirnos) acerca de la calidad, la relevancia, la estética, el contenido, la belleza o la dureza o la inutilidad de una película. Alguien tiene que hacerlo.

Miro las noticias sobre la película y veo que en España, más de 880 cines con sus decenas de salas estrenaron la película ayer.

La fecha del estreno estuvo bien pensada por los reyes del marketing, que mezclaron la fórmula para ganar dinero. Amor (¿amor?). Erotismo. (¿erotismo?). 14 de febrero (¿14 de febrero?).

En casa me pongo a recordar obras maestras del erotismo: El último tango en París. El imperio de los sentidos. Las edades de Lulú. Lolita. El sensualista. El amante. Klute. Malena. Pecado original. Emanuelle…

Y, por supuesto, aquella película que vi de adolescente y marcó parte de tu vida: Nueve semanas y media.

Nueve semanas y media, estadounidense, estrenada en 1986 y dirigida por Adrian Lyne, es uno de los íconos del cine erótico gracias a la calidad de todos los que intervinieron en su producción y sus dos profundos intérpretes: Kim Basinger y Mickey Rourke.

En Nueve semanas y media, Elizabeth (Kim Basinger) es una divorciada que trabaja en una galería de arte en Manhattan. Conoce a John (Mickey Rourke), se conectan de inmediato sus chips de sensualidad y sexo y no existe una simple exhibición de machismo y sometimiento -como en 50 sombras de Grey sino que se pone a prueba al espectador para reflexionar acerca del amor y el no amor, el sexo apasionado pero sin sentimientos, la pareja vista como unidad indisoluble mientras se unen sus cuerpos y como dos individuos en una vasta soledad cuando desatan sus lazos corporales.

Jéssica Pesántez @jessicapesante1 cita el blog GMC gcmx.wordpress.com, donde encuentro un lista de diez novelas eróticas “que valen la pena y no se llaman 50 sombras de Grey“.

Dice GMC: La sensualidad mediática de Las 50 sombras de Grey me tiene harta. Y es que aunque muchos piensen que los revolcones de Anastasia y Christian inauguran la novela cachonda, la literatura erótica de verdad, la perversa y rica, existe desde hace siglos. Además, el muy publicitado estreno de la película ya era malo (con sus apenas 11 minutos de sexo), pero hacerlo coincidir con San Valentín es el colmo de lo previsible. Para contrarrestar el derroche de lugares comunes propongo este coctelito de lecturas lujuriosas: combina autores internacionales e hispanoamericanos, títulos clásicos y otros más bien recientes, en total 10 ricas opciones de novela erótica. Para que nadie pierda su tiempo con Grey.

Y recuerda obras maestras, algunas llevadas al cine con una producción impecable, como:

1. La Venus de las píeles, de Sacher-Masoch (1870).

2. Las edades de Lulú, de Almudena Grandes (1989).

3. La historia del ojo, de Geors Bataille (1928).

4. Luna caliente, de Mempo Giardinelli (2009).

5. Lolita, de Vladimir Nabokov (1955).

6. Las piadosas, de Federico Andahazi (1998).

7. Historia de O., de Pauline Réage (1954).

8. Inmaculada o los placeres de la inocencia, de Juan García Ponce (1989).

9. Justine o los infortunios de la virtud (Marqués de Sade) (1791).

10. La pasión turca, de Antonio Gala (1993).

No están todas, porque hay decenas de obras maestras del cine y de la literatura que nos hacen atravesar y bucear por los espacios líquidos, estremecedores y psicológicos del amor sexual, la pasión carnal y la sensualidad.

Se me vienen más: la novela Justine, 1957, primer volumen del Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell. Un libro inquietante, poético e inolvidable.

O la conmovedora película Madame Butterfly, con Jeremy Irons.

Atrapados en el marketing mundial, en la farandulización de los medios, en la frivolidad de los sentimientos, en la estafa estética, el mundo parece caminar hacia el vaciamiento de sentidos, de placeres, de deseos. A la imposición de valores, objetos, formar de actuar, masificación y reacciones mecánicas de hábitos, conductas y reacciones.

Alabada sea Janeth, digamos que se llama así, que vende entradas pero no entra en el juego que le impone la venta de esas entradas.

Bien lo informa diario El Mundo, de España:

“Lanzan una campaña para no ir al cine a ver 50 sombras de Grey. Es mejor donar los 50 € de las entradas y palomitas a las víctimas de violencia de género. Se busca dar dinero a las mujeres en refugios, porque es donde Anastasia (la protagonista) va a terminar. La cinta intenta presentar la violencia contra las mujeres como una relación romántica”.

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